Susan Neiman, la filósofa que vende miedo a todos los frentes
Susan Neiman, filósofa con triple nacionalidad (alemana, estadounidense e israelí), ha vuelto a la actualidad después de afirmar que Donald Trump ha acabado con la democracia en Estados Unidos. Hace un año sorprendió al declarar que la izquierda no es woke, y ahora añade un nuevo episodio de alarmismo. Sus críticos lo tienen claro: es la industria del miedo en estado puro.
El antiwoke de salón
La paradoja está servida. Neiman critica el wokismo por generar tribalismo y victimismo, pero no mueve ni una coma del credo progresista de los noventa: fronteras abiertas, diversidad obligatoria y Trump como enemigo universal. Quien vive de predicar contra el sistema mientras cobra de él, dice el sector más duro, no hace crítica: hace cambio de marca. La llaman la "doble milonga": antiwoke para parecer profunda, fiel al guion para no perder la cátedra.
La industria del miedo
El segundo reproche es todavía más incómodo. Comparar cada cita electoral con la Alemania de los años 30 y repetir que "corremos el mismo peligro o peor" es el combustible perfecto para que los titulares sigan fluyendo. Pero, además, el pánico moral demoniza al votante medio, al que pierde poder adquisitivo mientras le llaman privilegiado, y le empuja a votar a cualquiera que prometa quemar el tablero. Es decir, el remedio alimenta la enfermedad.
La anécdota de los tres pasaportes redondea la foto: fascismo siempre al este o al sur, nunca en casa. Si no hubiera Trump, habría que inventarlo. La coherencia, a estas alturas, es lo de menos.