Marruecos reclama la final del Mundial 2030 mientras España calla
El presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, eligió el arranque de la campaña electoral de su país —que estrena este jueves el PAM, el partido liberal— para lanzar la frase sin matices: la final del Mundial 2030 se jugará en el Gran Estadio Hassan II de Casablanca. El recinto sigue en construcción. Y la declaración reabre la pregunta incómoda que España lleva meses esquivando: en la candidatura que comparte con Portugal y Marruecos, ¿quién manda de verdad?
Quién decide dónde se juega la final del Mundial 2030
Que Marruecos reivindique el partido decisivo no es una salida de tono aislada. Lekjaa es una de las figuras más populares de la campaña electoral marroquí, y el fútbol le sirve de altavoz. La afirmación convierte un acuerdo firmado a tres bandas en un pulso por ver quién se queda con el partido más visto del planeta. Hay quien sostiene que España debería haber atado el reparto por escrito antes de estampar la firma. En contra pesa un argumento simple: ninguna sede es propiedad privada hasta que la FIFA reparte las cartas.
Retirarse del Mundial: ¿dignidad o farol?
El corolario de la indignación es siempre el mismo: que España se salga de la organización y deje a Marruecos con la final. Renunciar a estas alturas no sale gratis. Se abandonan inversiones ya comprometidas y un escaparate que los patrocinadores daban por cerrado. Y la FIFA no reparte sedes según quién se enfade más rápido. La comparación con el Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá —que se cita como precedente— también tiene trampa: allí hay un socio con la sartén por el mango; aquí, sobre el papel, los tres firman en igualdad.
Y un detalle ordena todo el ruido: el estadio que quiere albergar la final todavía no existe. Se está construyendo. El partido más visto del planeta ya tiene casa prometida antes de tener tejado.