El Rey en Mauthausen: homenaje a las víctimas que reabre la grieta
La imagen de los Reyes en el 80 aniversario de la liberación del campo de concentración y exterminio de Mauthausen (y Gusen) desató una tormenta en la que se mezclan el homenaje a los miles de republicanos españoles asesinados y el rechazo frontal a la
monarquía. La noticia, publicada en
eldiario.es, recoge la participación de los Reyes en el acto de recuerdo a las víctimas del nazismo y el franquismo. En cuestión de horas, el asunto derivó en un rifirrafe sobre la Segunda República, el papel de Franco y la legitimidad de la Corona que poco tenía que ver con el acto original.
¿Qué pasó en el homenaje de Mauthausen?
El acto conmemoraba el 80 aniversario de la liberación del campo, donde fueron asesinados miles de españoles republicanos que lucharon contra el nazismo. La Casa Real difundió un mensaje en el que se recordaba a «los miles de españoles republicanos que lucharon contra el nazismo y por la libertad» y se pedía que la memoria de los crímenes permaneciera intacta «para no olvidar nunca el horror». Hasta ahí, un acto institucional sin mayor recorrido aparente.
El problema no fue el texto, sino quién lo firmaba. Para una parte de los presentes, la presencia del jefe del Estado en un homenaje a los republicanos era una contradicción insalvable: la misma institución que se reclama heredera del régimen que envió a muchos de esos españoles a los campos no puede presidir su recuerdo. Para otra parte, la presencia era precisamente lo correcto: si el Rey no hubiera acudido, se le habría reprochado igualmente.
La batalla por la Segunda República y el franquismo
El homenaje sirvió de detonante para un debate histórico que se repite con cada conmemoración. Una corriente sostiene que la Segunda República nació condenada por la derecha monárquica, que la España de 1931 venía de una tradición de caciques y sotanas sin interés en sacar al pueblo del analfabetismo, y que el voto femenino y otras conquistas llegaron pese a esa resistencia. Otra corriente responde que la República fue un régimen excluyente, que la guerra la provocó el Frente Popular con un pucherazo y con la quema de conventos y el asesinato de parlamentarios meses antes del conflicto.
En medio de ese choque, hay quien recuerda que la derecha también participó en la llegada de la República y que el voto femenino no fue patrimonio de un solo bando. El intercambio de acusaciones incluye la acusación de que la República se financió robando las reservas de oro para entregárselas a la Unión Soviética, y la respuesta de que el franquismo se mantuvo al margen de la Segunda Guerra Mundial gracias a que Washington y Londres lo toleraron para conservar el trono.
El papel de España en la Segunda Guerra Mundial
Uno de los puntos más discutidos fue la posición española en el conflicto. Una parte defiende que España no participó gracias a la neutralidad del régimen, que mantuvo al país aparte de la contienda. La réplica es que esa neutralidad no fue una elección libre, sino el resultado de la presión de las potencias aliadas, que toleraron el régimen a cambio de que no entrara en guerra. La discusión deriva hacia el papel del Rey Juan Carlos y de Felipe VI como continuadores de esa línea dinástica.
La calidad de vida durante el franquismo: el dato que divide
El tramo final del debate se centra en la economía. Una parte sostiene que el franquismo desarrolló España, construyó vivienda social que sacó a los españoles del chabolismo, levantó infraestructuras y creó industria, todo ello con la autarquía como respuesta al bloqueo internacional. Se cita el caso de un abuelo que compró un chalet con terreno y levantó una empresa que heredó su padre. La otra parte responde que la calidad de vida, los salarios y la normalidad laboral de la dictadura no resisten comparación con el Estado del bienestar actual, y que la autarquía fue un fracaso económico.
El rifirrafe final: de Mauthausen al Primark
La conversación derivó hacia el insulto personal y el intercambio de descalificaciones sobre la altura, el aspecto físico y el origen de los intervinientes. Una participante fue acusada de no ser española y de dar lecciones de historia, a lo que respondió recordando que la democracia se aprende y que la España de 1931 venía de una tradición que no tenía interés en educar al pueblo. El tono subió hasta el punto de que el homenaje a las víctimas quedó completamente fuera de foco.
¿Se puede homenajear a las víctimas de un campo de concentración sin que la política española convierta el acto en un campo de batalla? La respuesta, a la vista de lo ocurrido, parece que no.