Seis turistas muertos al huir del fuego en Almería: ¿falló la alerta o la decisión de huir?
¿Qué lleva a un grupo de personas a meterse en un camino sin salida mientras arde el monte? El incendio declarado en el municipio almeriense de Bédar el pasado julio se ha cobrado seis víctimas mortales, todas de nacionalidad británica y belga. Las imágenes de los vehículos calcinados, alineados como en un aparcamiento, han dado la vuelta al mundo. Cuatro de los fallecidos quedaron atrapados dentro de un coche; el resto salió a pie y murió intentando escapar. Dos personas sobrevivieron con quemaduras gravísimas.
El debate sobre las responsabilidades se ha centrado en dos ejes: la desobediencia a las instrucciones de las autoridades y la ausencia de una alerta masiva vía móvil. Según testigos, el alcalde del municipio, del PSOE, recorrió la zona con un megáfono instando a evacuar, pero los turistas —algunos de ellos residentes temporales— no le hicieron caso. "Ni hicieron caso a las autoridades ni al Google Maps", resume un análisis. El camino que tomaron era una pista forestal cortada, sin salida.
La trampa del secarral: esparto y matorral que arden como pólvora
La zona afectada, interior de Almería, no es un bosque frondoso. Es matorral bajo, seco, con abundante esparto. "El esparto arde como la pólvora —advierte un experto—. Un monte lleno de esparto es como un monte lleno de bidones de gasolina". Las precipitaciones en la sierra del Cabo de Gata rondan los 150-170 mm anuales, mientras que en Los Gallardos, municipio cercano, superan los 300 mm. En pleno julio, la vegetación está seca y el viento puede propagar el fuego en segundos. La velocidad del incendio sorprendió incluso a conocedores de la zona: "Conozco la zona y no hay arboledas, solo matorral bajo, pero se enciende y se propaga muy rápido", señala un residente.
¿Por qué no se refugiaron en las casas?
Una de las lecciones más repetidas en la gestión de incendios es que, si la huida es peligrosa, hay que refugiarse en edificaciones preparadas. En el incendio de sierra de Gata, hace unos años, los pueblos quedaron intactos pese a que el monte de alrededor ardió por completo. En California, propietarios con piscina y bomba de agua lograron salvar sus viviendas. Sin embargo, en Bédar, las casas de los turistas eran aisladas, rodeadas de matorral, y probablemente sin envolvente ignífuga. "Yo mismo tengo que coger del cuello al pastor para que pase el ganado por mis fincas y limpiar la vegetación alrededor", explica un ganadero de la zona. La falta de limpieza de montes es una queja recurrente.
Alerta móvil que no sonó
La Junta de Andalucía, gobernada por Juanma Moreno (PP), no activó el sistema ES-Alert, el sistema de alerta a móviles vía celda de telefonía. Para muchos, esa omisión es clave. Si se hubiera enviado un mensaje a todos los teléfonos en la zona, los turistas habrían recibido instrucciones en su idioma. En su lugar, el alcalde usó un megáfono, pero algunos extranjeros no entendían español o simplemente no confiaron en la advertencia. "Les ha pasado como el cuento de Pedro y el lobo: tanto mienten que al final nadie les hace caso", ironiza un vecino.
Eco de tragedias pasadas
El paralelismo con el incendio de Pedrógão Grande (Portugal) en 2017, donde murieron 66 personas atrapadas en sus coches, es inevitable. Allí, el informe oficial apuntó a una línea eléctrica como origen y a la falta de limpieza de la vegetación como factor agravante. En Almería, también se ha señalado el riesgo de líneas eléctricas en mal estado, aunque la causa oficial aún no se ha determinado.
La fotografía que heló la sangre
La imagen de los coches calcinados, perfectamente alineados, es desconcertante. Algunos analistas apuntan a que los motores de combustión podrían haberse parado por el calor extremo o que los conductores, al ver el fuego, frenaron en seco y no reaccionaron a tiempo. El vehículo que encabezaba la fila —quizás un híbrido o eléctrico— pudo haberse detenido y convertido en un tapón mortal. "Lo extraño es el orden: parece que aparcaron para morir", comenta un observador.
Con seis muertos y dos heridos críticos, la tragedia de Bédar vuelve a poner sobre la mesa preguntas incómodas. ¿Vale la pena confiar en que tu coche te salvará de un incendio forestal? ¿O es mejor quedarse y defender la casa? Por ahora, las únicas certezas son los esqueletos de metal retorcido y un sistema de alertas que, una vez más, llegó tarde. O no llegó.