Gen Z y el plan de chill: ¿moda o falta de presupuesto?
¿Es la Generación Z más tranquila o simplemente más pobre? La narrativa mediática vende el "plan de chill" como un cambio cultural generacional, pero basta rascar un poco para encontrar la verdadera motivación: la cartera.
El XI Barómetro de Momentos de Consumo de AECOC y 40dB certifica que los nacidos entre 1997 y 2012 prefieren el tardeo y las bebidas sin alcohol, dejando atrás las interminables noches de discoteca. Sin embargo, el debate en los mentideros económicos apunta a que no es una cuestión de gustos, sino de costes.
Salir de noche es hoy más caro que nunca: copas a precios prohibitivos, transportes que no llegan o resultan incómodos, y un contexto inflacionista que reduce el margen para el ocio. Como se ha señalado, las condiciones han cambiado: antes también había quien prefería un bar tranquilo, pero ahora el precio de la fiesta se ha disparado. El resultado es que muchos jóvenes, sencillamente, están tiesos. La palabra no es nueva, pero describe una realidad que los titulares sobre "reinvención del ocio" prefieren ocultar.
La pregunta es si, cuando la inflación remita y los salarios recuperen poder adquisitivo, la discoteca volverá a llenarse. O si esta generación ha descubierto que hablar en un bar es, además de más barato, más divertido. Por ahora, el "plan de chill" es la respuesta lógica a una economía que no da para más.
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