Badr El Merroun: "Me han quitado tres veces las cosas en un mes"
Lleva un año durmiendo en un parque del barrio de Las Rosas, en Madrid. Es marroquí, tiene 19 años y carece de pasaporte, móvil y oportunidades. "Me dicen que no puedo vivir en la calle, pero llevo un año esperando para entrar en un albergue y todavía tengo que esperar otro más porque está todo lleno", cuenta Badr El Merroun. En el último mes, ha sido víctima tres veces de los nuevos protocolos de limpieza del Ayuntamiento de Madrid, que ya no avisan a las personas sin hogar antes de intervenir. Le han retirado su ropa, su saco de dormir, su tienda de campaña, los documentos de un curso de comercio y un collar que le regaló su madre.
La situación pone sobre la mesa la paradoja de las políticas municipales: se sanciona la ocupación del espacio público pero no se ofrecen alternativas reales. Los albergues están saturados y las listas de espera se miden en meses. El Merroun, como muchos otros, queda atrapado en un bucle de exclusión donde la limpieza urbana se convierte en un confiscación sin aviso.
La reacción pública ha sido mayoritariamente hostil, centrada en el origen del joven más que en las deficiencias del sistema de acogida. Se le acusa de tener recursos para tabaco o de no querer integrarse, sin considerar que carece de la documentación básica para acceder a un empleo o a una vivienda.
¿Es la limpieza sin aviso o la falta de plazas en albergues lo que condena a estos jóvenes a una espiral de pérdida material y esperanza?
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