La izquierda se queda sin red: 34,6% de voto frente al 52,2% de PP y Vox
¿Cuánto puede caer un bloque político antes de que el suelo ceda? La última estimación de NC Report para La Razón sitúa a PSOE, Sumar y Podemos en un 34,6% de voto conjunto, doce puntos por debajo del PP y Vox, que sumarían 210 diputados. El PSOE se quedaría en el 25,2% y entre 101 y 103 escaños. Para el PP, 145 diputados; para Vox, una Cámara que dobla su representación.
La cifra, de ser cierta, colocaría a la izquierda en uno de sus peores momentos desde la Transición. Pero ahí está la cuestión: ¿de ser cierta?
La encuesta que nadie se cree del todo
La fiabilidad del sondeo es el primer frente. La casa demoscópica NC Report arrastra fama de ser la menos fiable del panorama nacional, incluso por detrás del CIS. En las pasadas elecciones generales llegó a desviarse casi 20 puntos, una aberración estadística. No publica estudio técnico; quienes la defienden señalan que el promedio de encuestas apunta a la misma dirección. Quienes la atacan recuerdan que detrás está Francisco Marhuenda, director de La Razón, y que la encuesta puede leerse como un artefacto político.
Conviene separar el ruido del dato: la tendencia de fondo, en el agregado de sondeos, sí muestra a una izquierda en retroceso y a una derecha que roza la mayoría absoluta. La magnitud concreta de NC Report es lo discutible; la dirección, bastante menos.
El trasvase que deja a la izquierda sin vasos comunicantes
Uno de los análisis más finos de la conversación pública es el del flujo de votos. Sumar y Podemos, pese al hundimiento del PSOE, no recogen el desencanto de sus votantes: el votante socialista que se va no se refugia en su izquierda, sino que salta al PP o directamente a la abstención. El PSOE conservaría a un núcleo duro de votantes convencidos, cada vez más pequeño y más fiel. El miedo a la derecha sigue funcionando como pegamento, pero ya no alcanza para retener a la clase media urbana que sostuvo al sanchismo en 2019.
Hay quien va más allá: el voto del PSOE estaría condenado a vivir de rentas clientelares y del voto emigrante. Ahí surge el segundo gran campo de batalla.
El censo, el voto exterior y la sospecha que no se disipa
La cuestión del censo electoral ha tomado peso. Se mencionan cifras gruesas: 2,5 millones de solicitudes de nacionalidad en América Latina, 500.000 ya aprobadas, y regularizaciones que ampliarían el padrón de votantes en varios millones. Las acusaciones van más allá del voto migrante: se habla de la ley de nietos, de personas con nacionalidad española que nunca han pisado el país y de la gestión del voto por correo en consulados. Nada de esto está probado en sede judicial, pero ha calado en la conversación pública y condiciona cualquier lectura de las encuestas.
- PP: más de 145 escaños.
- PSOE: entre 101 y 103.
- PP+Vox: 210 diputados.
- PSOE+Sumar+Podemos: 34,6% del voto.
Esa suma, 210, es la que abre la puerta a una reforma constitucional por mayoría ordinaria. También a una reforma de la ley electoral, con la exigencia de un 5% de voto para entrar en el Congreso. Los partidos nacionalistas, que hoy ejercen de bisagra, quedarían fuera de la ecuación. Lo que no está claro es si el PP, con esos números, se atrevería a usarlos.
Lo que falta por ver
La desconfianza hacia la limpieza del proceso, con alusiones a Indra y Correos, aparece en los márgenes. No hay hechos contrastados, pero la sombra de un fraude electoral planea sobre un clima ya de por sí enrarecido. El PP ganaría, Vox pesaría, la izquierda tocaría suelo. Y, sin embargo, la encuesta sale de una casa demoscópica con un historial de errores sonados.
Con estos mimbres, lo único seguro es que al CIS le toca ahora mover ficha. Aunque, visto el historial, quizá sea mejor no esperar gran cosa: nadie le cree, pero todo el mundo lo mira. Ironía perfecta para un país que desconfía de todo y sigue votando igual.