La liga femenina de baloncesto de EE.UU. revisa qué es una mujer
El turco Enes Kanter Freedom, 2,08 metros y un pasado en la NBA, ha declarado su elegibilidad para jugar en la liga femenina americana a partir de la temporada 2027. No es un caso aislado: exjugadores masculinos sin equipo han visto en la nueva normativa una puerta de entrada a una competición de máximo nivel. La liga, por su parte, ha convocado una revisión formal del concepto de “mujer” para determinar quién puede competir.
La física no negocia
La decisión ha agitado el debate. Hay quien sostiene que permitir la entrada de hombres convertirá una competición femenina de élite en una liga masculina de segunda fila. La física no se negocia: la diferencia de potencia, altura y velocidad entre los mejores jugadores de la NBA y las mejores jugadoras de la liga femenina es un abismo. Los defensores de la medida, en cambio, argumentan que la elegibilidad se basa en la identidad declarada, no en el sexo biológico, y que excluir a ciertos jugadores sería discriminatorio.
¿Qué es una mujer?
Lo más llamativo es la pregunta de fondo: ¿qué es una mujer? Mientras la liga reúne a sus gestores para definirla, la realidad de la competición podría convertirse en un experimento sociológico en directo. Algunas voces apuntan a que el verdadero objetivo no es el deporte, sino la visibilidad mediática y la batalla cultural.
La ironía no es menor: una institución que nació para dar visibilidad al baloncesto femenino podría terminar escenificando la irrelevancia del género en el deporte. O quizá la respuesta a “qué es una mujer” sea, como apuntó una política española en 2024, “ocupar una posición de desigualdad frente a los hombres”. Si la liga femenina se llena de exjugadores NBA, esa desigualdad se resolverá por la vía rápida.