¿Qué tiene que ver un hotel Meliá con la identidad de un pueblo? Mucho, a juzgar por la reacción que ha suscitado la nueva campaña de promoción turística de Euskadi. La pieza audiovisual, que presenta una imagen de la comunidad autónoma centrada en el Guggenheim, hoteles de lujo y paisajes vacíos, ha provocado un aluvión de críticas que van desde la acusación de publicidad engañosa hasta la denuncia de una selección étnica y social deliberada.
El eco de la exclusión: qué se ve y qué no se ve
Entre los reproches más repetidos destaca la ausencia de diversidad. Hay quien sostiene que el anuncio parece diseñado para atraer a un turista blanco y de alto poder adquisitivo, ignorando por completo la realidad multicultural del territorio. Otros señalan que la imagen idílica no muestra la vida cotidiana, con referencias a colas de dos kilómetros en el Guggenheim, que chocan con la percepción de tranquilidad que se vende. El contraste entre el lujo del Meliá y el ambiente popular que se vive en muchos barrios subraya una tensión de fondo: ¿promociona la campaña un lugar real o un escaparate selectivo?
Una lectura política del anuncio
La campaña tampoco escapa a la lectura política e identitaria. Algunos críticos interpretan la ausencia de locución en español como un gesto soberanista, mientras que otros echan en falta símbolos vascos más reconocibles. La ironía del eslogan “Euskadi, hacemos posibles tus sueños” se vuelve en contra cuando los propios vascos no se sienten representados. Pero hay quien defiende la pieza: atrae turismo de calidad y evita el turismo de borrachera, afirman. Una defensa que revela tanto sobre el modelo de destino deseado como las críticas.
Al final, la mejor campaña turística es la que más vende, pero también la que mejor retrata. Esta ni siquiera convence a quienes la ven desde dentro. Así que, entre tanta polémica, al menos consiguió algo: que todo el mundo hable de Euskadi. Aunque no precisamente de sus paisajes.