El escrito que circula bajo la firma de Nando el Hispano sostiene que el ser humano es un «residuo biológico» movido por el antropocentrismo y que su vida funciona como un carcinoma que devasta cada ecosistema. La pieza usa el mito de Procusto para acusar a quien pretende encajar la realidad en su propia medida.
La figura de Procusto viene del mito griego: un posadero que ajustaba a sus huéspedes a la longitud de una cama, estirándolos o cortándoles los pies. El texto que firma Nando el Hispano toma ese nombre para señalar al ser humano que se cree la medida de todas las cosas. Su tesis es que la conciencia, lejos de ser un privilegio, es una hipertrofia que nos hace confundir razonar con iluminarse.
El diagnóstico: la vida como patología
El escrito no se anda con paños calientes. Afirma que la vida no es un milagro sino «una patología degenerativa que infecta a la materia y a la energía cuando el universo envejece». La compara con la lógica exacta de un carcinoma. Y acusa al ser humano de devastar de forma sistemática cada ecosistema que transita, con la vista puesta ahora en expandir esa metástasis hacia otras galaxias.
El espejo de los simios
El núcleo del argumento es una humillación cosmológica: nuestro origen no es divino, sino «el subproducto azaroso de la cópula de dos simios miserables». De ahí que el autor llame ingenuos a creyentes y agnósticos por igual, a los que acusa de mitificar a sus progenitores como entidades magnánimas y de negarse a admitir que los engendraron por ego, codicia, envidia o vanidad.
La eternidad como condena
Hay un giro que merece atención. El texto sostiene que cualquier inteligencia superior sabría que «la eternidad no es una promesa, ser eterno es habitar el infierno». Es la parte menos desarrollada y la más discutible: no hay dato que la sostenga, solo una intuición filosófica. El escrito se presenta a sí mismo como «la única obra axiomática existente» en un erial de mediocridad, una autoproclamación que conviene leer con distancia.