Varta se declara insolvente: ¿despiece o reestructuración?
El fabricante alemán de pilas y baterías Varta, con sede en Ellwangen, se ha acogido a un procedimiento de insolvencia. El intento de salvación, iniciado hace menos de dos años, ha fracasado. La compañía, mítica en el mercado de pilas de consumo, anuncia que quiere "asegurar el futuro económico" y mantener las operaciones, pero la estructura del proceso sugiere otra cosa: la división de pilas de consumo, la más rentable, queda fuera del concurso. Los acreedores, encabezados por Deutsche Bank y fondos de cobertura, parecen dispuestos a quedarse con la joya mientras la matriz y tres filiales se hunden.
El coste de fabricar en Europa: de 1 euro a 10 céntimos
Detrás de la quiebra hay un problema de costes que ningún relato oficial explica del todo. El diferencial entre fabricar una pila de botón en Alemania y una china de marca blanca es abismal: mientras la europea cuesta alrededor de 1 euro, la china sale por 10 céntimos. Las pilas de Amazon o de marcas blancas chinas, aunque a veces duren algo menos, cuestan la mitad o menos. La externalización del know-how y la deslocalización productiva han dejado a Europa sin margen.
A eso se suman regulaciones laborales y medioambientales que encarecen el proceso. La normativa europea, las auditorías, los costes salariales (convenios que rondan los 2.000 euros mensuales para personal de limpieza, más reducciones de jornada por cuidado de hijos) y los planes de igualdad, todo suma. El resultado es que una pila fabricada en China puede costar un décimo de la europea.
La valoración que no cuadra
La unidad más solvente de Varta está valorada en 240 millones de euros. Una cifra que, puesta en contexto, resulta llamativa: el futbolista Lionel Messi cobraba más al año. Con ese dinero, los acreedores podrán quedarse con el negocio rentable mientras la estructura quebrada se desmantela. El proceso, en la práctica, se parece más a un despiece que a una reestructuración.
China sí invirtió en I+D y educación
El caso Varta refleja una tendencia más amplia. Mientras Europa y EE.UU. veían a China como un socio barato y sumiso, el gigante asiático invirtió en I+D y en educación de calidad. El resultado está a la vista: China avanza en tecnología de baterías, domina el mercado de pilas de consumo y se lleva la producción. Alemania, cuna del automóvil y la ingeniería, ve cómo una de sus empresas emblemáticas se viene abajo.
Todo funciona hoy con baterías. Y Varta, que debería estar en el centro de ese negocio, ha quebrado. La culpa, según algunos análisis, no es del viento.