Psyche: la NASA fija en octubre el viaje al asteroide de oro
¿Cuánto vale un asteroide? La NASA maneja dos cifras y una fecha. La cifra gruesa son
10.000 billones de dólares en oro, platino y otros metales. La fecha es octubre, el mes previsto para el lanzamiento de Psyche. La nave viajará casi seis años hasta una roca de
222 kilómetros de diámetro situada en el cinturón de asteroides, a unos 450 millones de kilómetros de la Tierra. El objetivo declarado es científico: comprobar si ese objeto es el resto del núcleo metálico de un planeta. El segundo objetivo, el que se cuela en todos los análisis, es abrir la puerta a la minería espacial.
El proyecto llega después de un parón forzado. La agencia reconoció retrasos por motivos internos y aprovechó el tiempo muerto para reorganizar equipos y supervisión antes de volver a fijar fecha. Una junta de revisión independiente dio después el visto bueno al calendario.
Qué busca la NASA con Psyche, más allá del oro
La misión no es solo una expedición minera. Los datos que devuelva la nave deben aclarar cómo se forman los planetas y qué mecanismos operan en sus núcleos. Es la parte que la agencia subraya en cada comunicado y la que sostiene el presupuesto público de un viaje de casi una década.
El contexto importa. Potencias como China y Estados Unidos tienen puestos los ojos en los asteroides y en la Luna, donde ambos países esperan aterrizar y establecer bases permanentes antes de que acabe la década. Psyche es la
avanzadilla de una carrera que nadie ha ganado todavía, y el precedente que se citará cuando se discuta quién tiene derecho a explotar una roca que flota a 450 millones de kilómetros de casa.
Cuánto vale de verdad el asteroide Psyche
Aquí empieza el lío. La estimación que se atribuye a la investigadora de la NASA y jefa de la misión, Lindy Elkins-Tanton, habla de una cantidad que cambia de tamaño según cómo se traduzca. El término inglés
billion equivale a 1.000 millones, mientras que el billón español son un millón de millones. Entre una versión y otra hay un
factor de mil. En el mismo texto que difunde la cifra se llega a escribir 10 billones y también 10.000 billones, y se compara el botín con multiplicar por 90 la economía mundial.
Conviene recordar que ese valor no es un precio de mercado. Nadie ha vendido jamás una tonelada de platino extraída de un asteroide, y no existe cotización de referencia para un metal que sigue a 450 millones de kilómetros. La cifra es una estimación teórica de lo que valdría la roca si estuviera aquí, entera y en condiciones de venderse.
Por qué traer el oro a la Tierra hundiría su precio
El argumento más repetido entre quien mira la operación con lupa es
de manual. El oro y el platino valen lo que valen porque son escasos y difíciles de extraer. Si de verdad se trajeran toneladas, la oferta crecería hasta desplomar la cotización, y el negocio se destruiría a sí mismo antes de dar beneficios. La única razón por la que el oro es caro, resume esta corriente, es que hay poco; con la abundancia del aluminio, valdría como el aluminio.
Hay una segunda vuelta de tuerca: si un banco central puede emitir dinero sin límite, la utilidad del metal no es financiera, sino industrial o tecnológica. Traer oro para hacer lingotes sería traer arena al desierto. Traer, en cambio, un mineral inexistente en la Tierra sí tendría sentido. El problema es que el platino ya se extrae aquí, con excavadoras y no con cohetes.
¿Se puede mover un asteroide de 222 kilómetros?
Las objeciones técnicas apuntan al mismo sitio. Fragmentar una roca de ese tamaño, dirigir los trozos hacia un punto concreto del planeta y recogerlos exige una infraestructura que no existe ni está en proyecto. La energía necesaria para mover masa en el espacio se paga en combustible, y el combustible se paga en masa que hay que lanzar primero desde la Tierra.
Frente a eso hay una alternativa que no sale en las portadas: el fondo marino. Solo se conoce en torno al
5% de lo que hay ahí abajo, y está a kilómetros, no a cientos de millones. Antes de enviar una nave a minar un asteroide, la pregunta razonable es por qué no se ha explorado todavía lo que cubre la mayor parte del planeta.
La desconfianza hacia el relato oficial
Buena parte de la conversación pública sobre el proyecto no discute la ingeniería: discute los motivos. Se repite que anuncios así sirven para captar fondos, que la agencia tiene menos credibilidad que un
vendedor de humo y que la noticia, en realidad, busca deprimir el precio del oro para que ciertos inversores compren barato. Esa última tesis no está respaldada por ninguna prueba, pero circula con la misma naturalidad que las comparaciones con predicciones catastrofistas del pasado que nunca se cumplieron.
En el lado opuesto, hay quien sostiene que el escepticismo es la postura fácil: cualquier misión espacial fue considerada un despilfarro antes de convertirse en rutina. Que el proyecto sea caro no lo hace falso; que sea espectacular no lo hace rentable.
Con el calendario ya aprobado, la duda que queda no es técnica ni científica. Es saber si el primer cargamento de oro espacial llegará antes o después de que alguien consiga explicar quién paga el combustible, quién asume el riesgo y a quién le compramos el platino cuando el platino deje de ser escaso.