El Gobierno prepara la compatibilización de pensión y trabajo
¿Cuántos años más vas a tener que trabajar antes de cobrar la pensión? La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha expuesto ante la Comisión de Trabajo, Economía Social, Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Congreso su plan para extender el número de jubilados que compatibilizan el trabajo con la pensión. El objetivo declarado es hacer la salida del mercado laboral más paulatina y aprovechar la mano de obra sénior. La reforma ya está sobre la mesa y se trabaja con los interlocutores sociales. Afectará a la jubilación activa, flexible y parcial, las tres modalidades que permiten, bajo distintos supuestos, percibir la pensión pública y a la vez trabajar por cuenta ajena o propia.
Qué es la jubilación flexible, activa y parcial
Las tres figuras que el Ministerio quiere reformar no son nuevas. La jubilación activa permite cobrar la pensión y trabajar por cuenta ajena o propia con ciertos límites. La flexible admite compatibilizar el empleo con una pensión ya causada. La parcial se apoya en el contrato a tiempo parcial para completar ingresos. Lo que cambia ahora es el marco jurídico que se prepara para ampliar el número de beneficiarios.
El diagnóstico que subyace es económico. La crítica más repetida en el análisis es que la medida se presenta como una opción, pero a medida que las jubilaciones pierdan capacidad adquisitiva se convertirá en una obligación de hecho —nunca jurídica— para la mayoría, salvo quien pueda tirar de ahorros. La comparación con el modelo estadounidense aparece de inmediato: allí muchos mayores siguen trabajando porque no tienen pensión suficiente ni colchón. La referencia alemana también se cuela: el minijob como complemento de una pensión que no llega a fin de mes.
El argumento demográfico que nadie discute
Una sociedad sin hijos no puede esperar que cada joven pague la pensión de dos o tres abuelos. La frase resume el problema estructural que el sistema de reparto arrastra y que la reforma no resuelve, solo gestiona. La edad legal de jubilación, se argumenta, acabará siendo como el artículo 47 de la Constitución: un derecho reconocido sobre el papel que la realidad no garantiza.
Hay quien sostiene que el problema es de matemáticas y no de relato. Si el común de los ciudadanos dominara las cuatro reglas y echara cuentas, el sistema aparecería transparente. El cálculo más pesimista apunta a que los que hoy tienen entre 40 y 50 años no cobrarán más de 300 euros al mes de jubilación, porque la deuda que sostiene las pensiones va a explotar y habrá que devolverla. En el lado opuesto, se recuerda que el sistema actual funciona como una cadena donde los cotizantes de hoy pagan a los pensionistas de hoy, y que romper esa cadena sin alternativa deja a los mayores sin red.
No todos los trabajos envejecen igual
El matiz más razonable del asunto es que no todas las profesiones permiten estirar la vida laboral. Un catedrático puede seguir investigando más allá de los 65; la señora que limpia su despacho, no. Los mineros, los obreros de la construcción y los trabajos físicos duros llegan a los 50 con achaques que hacen inviable la extensión. El debate, se dice, requiere seriedad y sosiego, algo difícil en el clima político actual.
También hay experiencias que apuntan a lo contrario. Un analista de negocio sénior de más de setenta años, que además daba clases en la universidad, fue durante un proyecto internacional uno de los profesionales más valiosos del equipo. La jubilación puede estar bien para unos y no ser para todos. Y hay quien recuerda que dejar de trabajar de golpe, a los 80, se llevó a alguno a la semana siguiente.
La letra pequeña que ya existe
La compatibilización no es una novedad absoluta. Médicos, abogados e ingenieros jubilados con más de 65 años pueden cobrar la pensión completa y trabajar al mismo tiempo, porque estas profesiones tienen mutualidad propia. Otras no. La extensión que prepara el Ministerio busca generalizar lo que hoy es privilegio de unos pocos.
El riesgo que se señala es fiscal. Si el jubilado trabaja y cobra pensión, la declaración de la renta puede quedarse con buena parte del salario extra. La medida, en la práctica, podría servir más para engrosar las arcas que para mejorar la vida del mayor.
Con estos mimbres, la compatibilización de pensión y trabajo avanza sin que nadie haya explicado todavía cuánto de opción y cuánto de obligación tiene. El cesto lo acabará pagando quien llegue a los 70 con la espalda rota y la nómina justa.