Cremositos de leche, el capricho lácteo que divide el verano
¿Qué fue de los cremositos de leche? Con el termómetro por encima de los treinta y el aire acondicionado a tope, la pregunta resucita cada verano. Hay quien jura que la versión original ha desaparecido de los supermercados; otros sostienen que sobrevive, silenciosa, bajo el paraguas de la marca blanca. La nostalgia por los helados de los ochenta y noventa —el Semáforo, el Minimilk, el propio Cremosito— se mezcla con la escena típica: una tarde de sofá, una serie de culto en Netflix y un cartón de estos pequeños lujos lácteos.
Retirada o rebranding: la duda persiste
No hay una retirada oficial. Pero la percepción de que el producto clásico se ha esfumado es rotunda. Los defensores de la versión genérica insisten en que la receta sigue viva en los congelados de determinadas cadenas, con otro envoltorio y un precio más democrático. La estrategia de la marca blanca no solo mantiene el producto; también lo despoja del aura de marca, convirtiéndolo en una opción más.
La otra pata del asunto es el cambio de hábitos. La merienda ya no es un rito; el consumo se ha fragmentado. Quienes analizan el declive de los formatos históricos señalan que la distribución ha arrinconado el producto original en favor de novedades. El resultado: los cremositos no han muerto, pero han perdido su iconografía.
La respuesta, como casi siempre, está en los matices. Y la duda sobre su paradero persiste, exactamente igual que el regusto lácteo en el paladar de quienes crecieron con ellos. La pregunta seguirá ahí, igual que el recuerdo de aquella merienda frente al televisor: incómoda, sin resolver, alérgica a las respuestas definitivas.