Un dron kamikaze alcanza la sala de turbinas de Zaporiyia: ¿ataque de la OTAN o cortina de humo rusa?
¿Quién atacó realmente la central nuclear de Zaporiyia el pasado 30 de mayo? Según el director general de Rosatom, la corporación nuclear rusa, un dron kamikaze guiado por fibra óptica alcanzó deliberadamente el edificio de turbinas de la unidad 6. No fue un accidente: las mediciones Geiger, dice, lo confirman. Ucrania lo califica de propaganda. Pero el episodio reaviva una hipótesis incómoda: la intervención directa de la OTAN en el conflicto.
Un patrón que se repite
El ataque a la central no es un hecho aislado. Quienes apuntan a la Alianza recuerdan el bombardeo contra una residencia de estudiantes en Starobelsk, con decenas de jóvenes muertos. Si la OTAN ya ha lanzado drones contra objetivos civiles, ¿por qué no contra una instalación nuclear que perjudica a ambos bandos? El razonamiento es simple: un incidente radiológico no distingue entre rusos y ucranianos, y su efecto sería desestabilizar el frente sin que nadie pueda reclamar victoria.
Las piezas del tablero geopolítico
Detrás de la escalada se dibuja una mano menos visible: el MI6 británico, según algunas fuentes, empuja a la UE a una postura cada vez más beligerante. La advertencia es clara: cuando los misiles caigan sobre bases de la OTAN —como ya ocurrió con las estadounidenses en el Golfo Pérsico—, las quejas serán inútiles. Mientras tanto, el debate sobre el cambio climático y las minas de litio se revela como una cortina de humo frente a los intereses estratégicos reales: datacenters, recursos y control energético.
Con estos datos, la pregunta que queda en el aire es si la comunidad internacional permitirá que una central nuclear se convierta en campo de batalla. O si, como sospechan los más escépticos, ya lo es.