OTAN: ¿instrumento de paz o motor de conflictos?
Desde su creación, la Alianza Atlántica ha vendido la narrativa de la defensa colectiva. Pero cuando el enemigo original desapareció, la organización necesitó reinventarse. Y esa reinvención, según un análisis que circula en círculos económicos, tiene un precio: conflictos que justifiquen su presupuesto.
Tras la disolución de la URSS, la OTAN entró en una crisis de identidad. Sin un adversario claro, su razón de ser se desdibujó. La cumbre de Madrid de 2022 dio una pista: incluir a China como "desafío sistémico" – el nuevo enemigo, como ironizaba Gila. Pero la crítica más afilada sostiene que la OTAN no solo reacciona, sino que genera las condiciones para intervenir: crea el conflicto, lo gestiona y, de paso, llena arcas.
La relación con Estados Unidos es otro flanco. La OTAN es vista por algunos como el brazo armado de la hegemonía estadounidense, financiado por Washington para controlar el flujo del dinero global. En este esquema, la paz no es ausencia de guerra, sino un negocio donde unos ganan y otros pierden.
La pregunta queda abierta: si la OTAN necesita enemigos para subsistir, ¿puede realmente ser una fuerza de paz, o su propia naturaleza la convierte en un generador de conflictos?