La metamorfosis de Estíbaliz Sanz que nadie esperaba
Circula por Internet un antes y después de la modelo que reinó en los 90. Las imágenes son duras: de musa de portadas a una imagen que muchos califican de irreconocible. Pero detrás del morbo hay una historia de salud mental, adicciones y la implacable erosión del tiempo.
Del star system al anonimato
Estíbaliz Sanz fue durante años la reina de la prensa del corazón. En su mejor momento, a finales de los 90, se codeó con Mar Flores y Sonia Monroy, y su imagen aparecía en revistas como Interviú o Playboy. Según fuentes de la época, llegó a cobrar hasta un millón de pesetas por asistir a fiestas privadas. Su atractivo era innegable y su actitud, la de una 'choni' de alto standing, le granjeó tantos fans como detractores.
Pero el tiempo no fue benigno. En los últimos años, su aspecto ha cambiado drásticamente. Las fotografías recientes muestran un rostro hinchado, ojeras profundas y una expresión que muchos lectores describen como la de una persona que ha sufrido. Las especulaciones no tardaron en llegar: drogas, mala vida, mala alimentación, o simplemente genética.
Salud mental: el elefante en la habitación
Entre los comentarios más sensatos, destaca el de quien recuerda que la modelo padece un trastorno mental grave. “La pobre mujer sufre una esquizofrenia paranoide grave”, señala un usuario con conocimiento de causa. Otros añaden que en 2009 ingresó en un centro de rehabilitación, donde conoció al padre de su hijo. Las enfermedades mentales, combinadas con tratamientos farmacológicos pesados, alteran drásticamente la apariencia física. Lo que algunos llaman “vejez prematura” es, en muchos casos, el efecto secundario de medicamentos antipsicóticos, sumado a años de abuso de sustancias.
El debate sobre el cierre de los manicomios y la falta de recursos para pacientes crónicos también emerge. “Cerrar manicomios dejó a las familias de los casos más graves vendidas y soportando una carga enorme”, se argumenta. Una crítica velada al proceso de desinstitucionalización psiquiátrica en España.
El espejo deformante de las redes
Lo que llama la atención no es solo el deterioro físico de Sanz, sino la reacción del público. La crueldad es casi automática: comparaciones con Carmen de Mairena, chistes sobre sus fosas nasales, alusiones a la cocaína. Todo vale en la trituradora de la actualidad. Un usuario resume: “Era un caramelito. Lástima su afición a respirar polvos de hada”. Otro, más reflexivo, apunta que el fenómeno es simplemente “vejez”, y que todos tenemos casos así en nuestro entorno.
Pero hay un matiz de clase: famosas que fueron canon de belleza y hoy no se cuidan —o no pueden— son devoradas sin piedad. La pregunta incómoda es si el escarnio responde a envidia social o a la pulsión sadomasoquista de una cultura que eleva ídolos para luego gozar con su caída.
Con sus 54 años a cuestas, Estíbaliz Sanz es la metáfora viviente de un refrán: “Sic transit gloria mundi”. Su historia no es solo la de una belleza marchita, sino la de una sociedad que nunca perdona a quien osó brillar demasiado.
Nota: La información sobre el diagnóstico de esquizofrenia proviene de fuentes no verificadas de forma independiente. Este artículo reproduce lo que se discute en el ámbito público sin afirmar certezas clínicas.