Telepizza halal: la tormenta perfecta entre negocio, religión y ruido mediático
La cadena de pizzas más famosa de España ha vuelto a intentarlo. Esta vez, con un producto halal. Y la reacción no se ha hecho esperar: vítores de un lado, pitos del otro, y un runrún de fondo que huele más a negocio que a fe. Pero, ¿de qué va realmente todo esto?
Telepizza acumula ya su decimoctavo intento de reflotar la empresa con un producto impopular, según apuntan los analistas. La última jugada ha sido certificar algunas pizzas como halal, es decir, aptas para el consumo según la ley islámica. La noticia, adelantada por la youtuber Ramia Chaoui (52.000 suscriptores y apariciones en El Periódico y Chester), ha desatado una tormenta en redes y foros. La pregunta del millón: ¿es inclusión o negocio?
El negocio de la certificación halal
Detrás del sello halal hay un mercado que mueve millones. No se trata solo de sacrificar animales según el rito: existe una industria de certificación, con su propio ISO, y para trabajar en ella hay que ser musulmán y estar reconocido por la junta islámica. Un sector del análisis sostiene que Telepizza busca un nuevo nicho de clientes, especialmente en zonas con alta concentración de población musulmana. La competencia ya se ha movido: BurriKing, por ejemplo, vende pollo halal desde hace tiempo. La estrategia es clara: el secreto está en la clientela, cuanto más amplia, mejor.
¿Qué gana el consumidor?
La mayoría de los musulmanes que ya comían en Telepizza no se paraban a pensar si la carne era halal o no, según algunos testimonios. Y los que no comían por esa razón, tampoco van a empezar ahora. Por otro lado, el consumidor no musulmán se pregunta: si pido beicon, ¿me lo servirán? ¿Habrá presión social para que todos pidamos halal? La lógica del mercado dice que mientras el beicon esté en el menú y no haya señalización coactiva, el problema es inexistente. Pero el debate va más allá: algunos ven en esta decisión un primer paso hacia la imposición de costumbres ajenas, citando ejemplos de barrios en Londres o París donde la sharía se aplica de facto.
El factor Aragón y los colegios
Casualmente, o no, el Gobierno de Aragón (PP) acaba de anunciar que las familias podrán pedir menús halal o veganos en los colegios. La medida, presentada como inclusiva, ha sido recibida con escepticismo: algunos la ven como una concesión a la presión islamista, otros como una simple adaptación a la diversidad. Lo cierto es que el negocio de la certificación halal no para de crecer, y las administraciones públicas empiezan a subirse al carro.
El verdadero dilema no es si la pizza halal es buena o mala, sino si el consumidor español está dispuesto a pagar por un producto que, en esencia, es lo mismo pero con un sello religioso. Mientras tanto, Telepizza sigue intentando reflotar, y los ánimos, como siempre, se caldean más en Twitter que en la pizzería.
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