L'Espresso retrata la cara fea de la ocupación: Israel responde con ira al espejo
La portada de L'Espresso no es solo una foto: es una declaración de guerra visual. El fotógrafo italiano Pietro Masturzo capturó a una soldado israelí en Cisjordania en una imagen que Israel calificó de 'antisemita' y 'antiestética'. Pero la tormenta no es por la estética: es porque la foto muestra lo que el discurso oficial oculta: una ocupación violenta, sucia y desprovista de heroísmo. La respuesta israelí, furibunda, no tardó: el embajador en Italia protestó, y la maquinaria de propaganda se puso en marcha. Sin embargo, el debate generado en torno a la imagen revela más sobre quienes la atacan que sobre la foto misma.
La portada que incomoda: ¿qué muestra realmente?
La revista italiana dedicó su portada al proyecto del 'Gran Israel', sus raíces bíblicas y su colisión con el derecho internacional. El artículo de Daniele Mastrogiacomo, acompañado del reportaje de Masturzo, describe una campaña de limpieza étnica en Cisjordania tras lo que denomina genocidio en Gaza. La fotografía elegida, lejos de los retratos heroicos de soldados israelíes, muestra a una joven recluta con gesto duro, rodeada de un entorno polvoriento y desolado. Para Israel, es una imagen 'fea' y manipuladora. Para sus críticos, es la realidad que el sionismo se niega a ver.
La reacción: del derecho internacional al insulto racial
La respuesta oficial israelí fue rápida: condena por antisemitismo. Pero en el debate público, la discusión derivó rápidamente hacia ataques ad hominem. Por un lado, quienes defienden a Israel recurren a descalificaciones racistas, comparando la apariencia de los soldados con estereotipos grotescos. Por otro, los críticos denuncian un Estado que, según ellos, utiliza el Holocausto como escudo para cometer crímenes. El intercambio de insultos y amenazas —'genocida', 'cáncer de la humanidad', 'sucios marrónidos'— demuestra que el conflicto ya no se libra solo en Gaza, sino en las trincheras de internet, donde la deshumanización es moneda corriente.
El fotógrafo y el contexto de la denuncia
Pietro Masturzo, ganador del World Press Photo, ha documentado durante años la realidad palestina. Su proyecto no es nuevo: ya en 2024 publicó imágenes similares. Pero la portada de L'Espresso logró lo que ninguna otra: romper la burbuja mediática italiana y provocar una reacción visceral. La pregunta que flota es: ¿por qué una foto de una soldado israelí fea genera más ira que las decenas de miles de niños muertos en Gaza? La respuesta, quizá, está en que la imagen destruye el mito del soldado justo y moderno. Muestra la ocupación tal cual es: fea, brutal, cotidiana.
El debate no ha hecho más que empezar. Mientras Israel exige disculpas, la revista se mantiene firme. Lo que queda claro es que, cuando la propaganda choca con la realidad, la realidad siempre gana —aunque sea fea.
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