Citizen Vigilante: la censura que dispara la audiencia de una serie B
La prohibición en Alemania de 'Citizen Vigilante', la última película del controvertido director Uwe Boll, ha logrado exactamente lo contrario de lo que buscaban sus críticos: convertir un film de serie B con presupuesto ajustado en un fenómeno viral que ya anuncia secuela. Lo que algunos medios españoles calificaron como «fascista» y pidieron censurar en toda Europa ha encontrado en la polémica su mejor campaña de marketing.
¿Por qué se prohibió en Alemania?
El film, que narra la historia de un justiciero que actúa contra inmigrantes y traidores del sistema, fue calificado en Alemania como contenido que «incita al odio» y retirado de plataformas. La decisión generó un efecto Streisand inmediato: los usuarios comenzaron a buscar la película masivamente, y pronto apareció en YouTube sin censura, donde ya acumula miles de visualizaciones. El director confirmó que una secuela está en desarrollo con mayor presupuesto, y se especula con que Elon Musk podría financiar el proyecto.
El contenido que divide opiniones
La trama sigue a un propietario de 1.500 inmuebles, rubio y de ojos claros, que decide tomarse la justicia por su mano contra «los invasores» -término que en la película engloba a personas de distintas etnias- y contra los jueces y abogados que los defienden. El mensaje final llama al pueblo a levantarse contra el llamado «plan Kalergi». Quienes la defienden argumentan que ese tipo de historias ya se contaban en los 80 con Charles Bronson, y que la diferencia está en que ahora toca temas que el discurso dominante prefiere silenciar. Sus detractores, por el contrario, sostienen que es propaganda violenta que legitima la limpieza étnica.
El debate sobre los límites del cine político
La controversia ha reabierto la discusión sobre dónde termina la libertad de expresión y empieza la incitación al odio. Mientras unos medios acusan a la película de ser «una fantasía fascista», otros señalan que el cine industrial produce decenas de filmes donde colectivos minoritarios son retratados como amenazas, y que la reacción contra 'Citizen Vigilante' es desproporcionada. Lo cierto es que la censura no ha logrado silenciarla; al contrario, ha multiplicado su alcance y ha convertido a Uwe Boll en un mártir del discurso alternativo. La secuela -si llega- lo hará con una base de seguidores que la prohibición le ha regalado.