La prensa abandona la sala cuando Vito Quiles pregunta: ¿boicot o casualidad?
El pasado noviembre, durante una comparecencia oficial, la mayoría de los periodistas acreditados se levantaron y abandonaron la sala justo cuando el periodista Vito Quiles tomaba la palabra para formular sus preguntas. La imagen, difundida en redes sociales, desató un aluvión de interpretaciones. Para unos, fue una coordinación exprés de los medios para evitar que Quiles les salpicara con sus preguntas incómodas al Gobierno. Para otros, simplemente la rueda de prensa había terminado y la salida fue natural. Los hechos, sin embargo, invitan a un análisis más profundo.
¿Quiénes se fueron y quiénes se quedaron?
Según los testimonios recogidos, entre los que levantaron el vuelo estaban periodistas de ABC, El Confidencial, La Sexta, El País y otros medios de todo el espectro ideológico. Nadie, salvo Quiles y algún periodista independiente, permaneció en la sala. La coincidencia es tan perfecta que resulta difícil creer en la espontaneidad. Como señaló un analista, la subordinación de todos los medios al PSOE queda al descubierto: ni siquiera los teóricamente conservadores quisieron ser asociados con las preguntas de Quiles.
El contexto: Vito Quiles, entre la polémica y las condenas
Vito Quiles no es un periodista cualquiera. Vinculado al activista Alvise Pérez, ha acumulado varias condenas por difundir noticias falsas: 5.000 euros a Manuela Carmena por un bulo del respirador, y al menos una sentencia firme del Tribunal Supremo contra Ana Pastor por costas, aunque esta última fue recurrida. Su estilo directo y su agenda contra el relato oficial le granjean enemigos en todos los sectores. Pero que la prensa al completo decida marcharse cuando él pregunta sugiere que el rechazo es más político que profesional.
Las consecuencias para la credibilidad mediática
El episodio no es aislado. La relación entre el poder político y los grandes medios en España es una alfombra bajo la que se acumula suciedad desde hace décadas. Gestos como este no hacen sino confirmar la percepción de que la prensa no ejerce de contrapoder, sino de correa de transmisión. A la larga, quien pierde es el lector: cada vez más ciudadanos buscan fuentes alternativas, y la confianza en los medios tradicionales sigue erosionándose. El boicot a Quiles puede ser una anécdota, pero su mensaje es demoledor.
Las preguntas incómodas son el alma del periodismo. Cuando los periodistas las evitan en manada, el periodismo muere. Y la democracia, también.
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