Vacaciones blindadas en La Mareta, frontera desguarnecida en Ceuta
¿Qué es más prioritario? ¿Escoltar unas vacaciones o contener una avalancha en la frontera? Los números que han trascendido son elocuentes: 60 agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado desplazados al palacio de La Mareta, en Lanzarote, donde Pedro Sánchez pasa unos días, frente a 42 policías de la Unidad de Intervención Policial (UIP) para la ciudad autónoma de Ceuta.
El resultado, según las informaciones que se manejan, fue que miles de personas entraron a nado en una de las fronteras más desiguales del mundo. La tensión venía de lejos: el conflicto del Sáhara Occidental convertía a Ceuta en un polvorín y las mafias organizan saltos periódicos. No hizo falta ser adivino.
Una asignación de recursos difícil de justificar
La comparativa es demoledora. Unos análisis apuntan a que con esos efectivos sobraba para lo que se hizo en la frontera: los 42 antidisturbios no pudieron evitar la entrada masiva. Otros, más escépticos con el relato oficial, recuerdan que la seguridad presidencial siempre se refuerza, pero que dejar a Ceuta con poco más de cuatro decenas de especialistas en control de masas es, como mínimo, una decisión política.
No faltan tampoco las explicaciones más rocambolescas: algunos apuntan a una campaña coordinada en redes sociales para movilizar a miles de personas, en un contexto de guerras híbridas y viejas sospechas sobre la inteligencia y los aliados. Y de fondo queda el dato gordo: mientras un cargo público se protege con medio centenar de agentes, la frontera sur se queda con las migajas.
Con este reparto de efectivos, la pregunta no es si el dispositivo fue insuficiente, sino si alguien en la Moncloa calculó alguna vez el coste de equivocarse.