La gasolina más barata de Europa (con matrícula de honor)
El Gobierno ha cortado de raíz la escalada de los carburantes con una rebaja fiscal que, según el Boletín Petrolero de la UE, ha situado el litro de gasolina en 1,557 euros de media. Eso supone 17 céntimos menos que la semana anterior y, sobre el papel, coloca a España como el país con la gasolina más barata de la Unión Europea. Pero el titular, como tantas veces, esconde más de lo que cuenta.
España, la más barata... salvo media docena
La letra pequeña del informe revela que España es la más barata “solo por detrás de Hungría, Eslovenia, Bulgaria, Malta y otros países”. Es decir, es la séptima u octava más barata, dependiendo de cómo se cuente. Malta, con sus subsidios fijos, mantiene el litro a 1,340 euros. Y si miramos el diésel, España es la sexta más asequible. El juego de palabras de la noticia original —que atribuye a España el liderazgo en baratura— es un ejercicio de periodismo creativo que ni siquiera resiste un escaneo rápido.
El espejismo de los impuestos
La rebaja fiscal ha sido bien recibida por unos y vapuleada por otros. Por un lado, quienes defienden la intervención estatal señalan que ha frenado la escalada provocada por la guerra en Irán y que, en términos absolutos, los precios han bajado. Por otro, los críticos recuerdan que esos impuestos que ahora se reducen son los mismos que antes se subieron, y que el ahorro se pagará con deuda o con futuras subidas. La comparación con Estados Unidos, donde el litro cuesta 1,141 euros, alimenta el escepticismo: allí los impuestos son mucho menores, y el poder adquisitivo, mayor.
¿Mano de santo o parche temporal?
La medida ha provocado un efecto inmediato en las fronteras: portugueses y franceses cruzan a llenar depósitos, aprovechando la diferencia de precios. Pero el consenso entre los análisis más ponderados es que se trata de una solución coyuntural. El precio real del combustible no depende solo de los impuestos, sino del crudo, la logística y los márgenes de las petroleras. Y mientras la deuda pública siga creciendo, alguien tendrá que pagar la factura. La pregunta que queda en el aire es si esta gasolina “barata” es un regalo envenenado o una tregua bienvenida.
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