La UE evita hablar de Israel en la crisis de Ceuta y desata dudas
¿Por qué la Unión Europea admite que Rusia trató de explotar la crisis de Ceuta pero no se atreve a concluir que la provocó? La respuesta, repetida esta semana por un alto representante, esboza un relato cuidadosamente ambiguo que ha encendido todas las alarmas.
“En el caso de Ceuta, vimos intentos de Rusia de explotar la crisis en internet. Sin embargo, no tenemos pruebas concluyentes que sugieran que la crisis en sí fuera desencadenada por desinformación procedente de actores estatales extranjeros”, declaró, sin mencionar en ningún momento a Israel.
La afirmación, recogida por El Español, separa dos planos: el esfuerzo propagandístico posterior y la autoría del estallido. Una distinción técnicamente impecable. Pero en el clima actual de desconfianza hacia las instituciones, omitir a un actor sobre el que pesan sospechas recurrentes equivale, para muchos, a confirmarlas.
En los círculos más conspirativos, el silencio se lee como prueba de encubrimiento. El escenario de una trama geopolítica orquestada desde Israel o desde intereses privados gana enteros en las redes, pese a que la UE insiste en que no hay datos. La realidad es más prosaica: una crisis migratoria con fugas de control, intoxicaciones digitales y una diplomacia que no quiere quemarse los dedos.
Mientras, los fondos europeos siguen fluyendo hacia los países de la zona, una polémica recurrente que algunos resumen con amargura: hay dinero para el régimen de turno pero no para el contribuyente que lo financia.
A falta de pruebas, el relato oficial se queda en un “todo es posible”. En tiempos de poseverdad, eso también es una declaración de intenciones.