Therians: la moda animalista que parte del foro ve como cortina de humo
Un adolescente con orejas de gato que ladra en un vídeo vertical. Eso es, en su versión más amable, un therian: alguien que sostiene tener alma o identidad de animal no humano. El fenómeno, que en España apenas ocupaba nichos de internet, saltó a las parrillas de todas las cadenas en cuestión de días. Y ahí empezó el problema: cuando algo pasa de moda friki a asunto de Estado, la pregunta deja de ser qué es y pasa a ser
quién lo empuja y para qué.
La coincidencia temporal es el dato más repetido. Varios participantes sitúan las primeras piezas informativas en Chile y México, y su aterrizaje en España después, con un pico de cobertura simultánea en televisiones generalistas. Un medio digital llegó a publicar hasta
seis piezas sobre lo mismo en una sola semana, según se recoge en la discusión. Para una parte del análisis, esa sincronía no es espontánea: es una operación de ingeniería social o, directamente, una
psyop.
Qué es exactamente un therian y de dónde sale el término
El término no es nuevo. En el material se rastrea hasta
2016, cuando un documental de Channel 4 titulado «La vida secreta de los cachorros humanos» puso cara a un caso que pedía reconocimiento oficial como perro dálmata. También se menciona una película noruega de terror de
2022, «Good Boy», sobre el asunto, y la etiqueta paralela de
therians o terianos en plataformas de vídeo, donde el contenido se cuenta por miles.
La discusión distingue dos capas. Una, la de los chavales que juegan con una identidad estética. Otra, la del uso político del fenómeno. Hay quien sostiene que el movimiento nació como sátira de las identidades transgénero y que su traslado a los medios responde a un objetivo concreto: servir de palanca en el debate de género. La diferencia técnica que se apunta es que un therian no renuncia a sus derechos humanos, mientras que una transición de género implica asumir el paquete completo del otro género. Ese matiz, dicen, desmonta la comparación.
La hipótesis de la cortina de humo y el rastro de las fechas
La teoría más repetida no es la del transhumanismo ni la del satanismo, sino la del
desvío de atención. La secuencia que se reconstruye es la siguiente: un asunto judicial de alcance internacional copa titulares, y de repente todas las cadenas dedican minutos al chaval que se cree perro. Un medio concreto, vinculado a la información política de esa semana, multiplica sus publicaciones sobre therians. Para quien defiende esta lectura, el diseño está calibrado para el mundo católico-hispánico: primero Chile, luego México, después España.
Frente a eso, la objeción escéptica es simple: la gente es gilipollas y las modas virales no necesitan conspiraciones. Basta con que un formato funcione en TikTok para que cien medios lo repliquen sin que nadie haya dado la orden. La viralidad artificial existe, pero también existe la pereza periodística.
Qué intereses económicos hay detrás de las nuevas identidades
Aquí el análisis se vuelve más incómodo. Cada nueva identidad es un mercado: terapia, medicación, cirugía, ropa especializada, contenido digital. La fluidez identitaria funciona como
suscripción vitalicia. Mientras la opinión pública discute si esto es woke o satánico, las clínicas privadas y las farmacéuticas facturan. Es la tesis que se apunta con más retintín: la deconstrucción de lo humano no es filosofía, es modelo de negocio.
La otra pata es la ventana de Overton. Si cada cual puede ser, sentirse y hacer con su cuerpo lo que quiera, sin límites éticos ni legales, el siguiente paso lógico son las quimeras genéticas o los ciborgs. La pregunta que se lanza al aire: ¿quién le dice que no a un zumbado que quiera convertirse en tigre de bengala a base de cirugías carísimas?
El día que los therians lleguen al BOE
La predicción más repetida es administrativa. Si el colectivo se consolida, acabará reconocido como grupo vulnerable, con protección legal frente a burlas y críticas, y con organismos públicos subvencionados a nivel estatal, autonómico y municipal para velar por sus derechos. Después vendrán los cupos de igualdad y el acceso a cargos públicos. No es ciencia ficción: es el guion que ya se aplicó a otras identidades.
La ironía se cierra sola. Si mañana hay subvención, más de uno se presentará diciendo que es un león. Y no le faltará razón burocrática.
Al final, el dato que descoloca no es que existan chavales que se crean perros. Es que
todas las cadenas de televisión de un país se pusieran de acuerdo, en la misma semana, para hablar de ellos.