Desokupa: cobrar dos veces por el mismo piso ocupado
Un propietario con un inmueble ocupado contrata a Desokupa. Paga por el desalojo. Y, según el avance de un programa de televisión, la misma firma ofrecería después al desalojado otra vivienda —supuestamente de un banco— previo pago a un contacto. El mismo problema, dos facturas. La polémica sobre la compañía de desokupación lleva tiempo saltando de la calle al plató, y el eje de fondo, sostienen quienes siguen sus pasos, no sería la ideología sino la caja.
Desokupa se ha convertido en el nombre que resume una guerra cultural entera: propiedad privada frente a ocupación, Estado de derecho frente a justicia por cuenta propia, relato mediático frente a negocio puro. Detrás del ruido hay una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando lo que el Estado no resuelve se convierte en un servicio de pago?
¿Es Desokupa un negocio o una tapadera ideológica?
El reportaje que se anunciaba apuntaba a que la supuesta bandera política sería solo el escaparate. La tesis, resumida sin adornos: con una mano la empresa cobraría a quien quiere desalojar y con la otra montaría un negocio paralelo ofreciendo vivienda a los propios desalojados, con la intermediación de un colaborador. Si eso se confirma, el negocio no sería la desokupación sino el circuito completo: sacar a unos para colocar a otros, cobrando en los dos extremos. Conviene ser prudente: son acusaciones vertidas en un programa, no hechos probados.
La sospecha encaja con una intuición que circula desde hace tiempo entre quienes siguen a la firma. Su fundador se ha movido siempre en el filo entre el activismo y la empresa. Y ahí está el detalle que descoloca a propios y extraños: cuanto más sube el tono político, más contratos aparecen.
¿Paga alguien a Desokupa para hacer campaña?
En la conversación aparece la ocurrencia de que detrás del dinero estaría el propio PSOE, o Venezuela, o Irán, según la teoría de cada cual. Ni una sola de esas versiones resiste el más mínimo contraste. Lo único verificable es que la empresa resulta rentable y que su ruido mediático sirve de campaña gratis para quien la defiende y de diana para quien la ataca. Hay quien lo resume con sorna: si no la paga el PSOE, es igual de efectiva que si la pagara.
El Estado de derecho que no llega a tiempo
Aquí el análisis se parte en dos. Un sector sostiene que, si el sistema judicial y policial funcionara, Desokupa no tendría clientes: que su existencia prueba un fallo del Estado, no una solución. Otro responde con la pregunta que desarma: si la policía bastara, ¿por qué hay miles de personas dispuestas a pagar por algo que se supone gratuito? La respuesta oficial a esa tensión sigue pendiente.
La ley del suelo de Aznar y el origen de la burbuja
El hilo arrastra un viejo pleito: si la Ley 6/1998 de liberalización del suelo tuvo algo que ver con la burbuja inmobiliaria. El Tribunal Constitucional anuló varios de sus artículos a instancias de un recurso del PNV, pero no la ley entera; su aplicación quedó en manos de las administraciones locales, y las gobernadas por el PP fueron las que la adoptaron. La norma se derogó en 2007, justo antes del estallido. El cálculo que circula sostiene que apenas influyó en los precios; la lectura opuesta recuerda que la burbuja se coció con tipos bajos, crédito abundante tras la entrada en el euro y una demanda desbocada.
Vivienda vacía, ocupación y el usurero de al lado
Una parte del debate se detiene en el propietario de una segunda vivienda, señalado como especulador por el simple hecho de alquilarla. Frente a eso, el dato que se repite: en ciudades como Palencia, Zamora o Teruel hay pisos de 90 metros cuadrados por menos de 100.000 euros y alquileres en torno a 300 euros al mes. La discusión sobre la vivienda vacía, la presión fiscal sobre el suelo y la falta de oferta social queda abierta, sin cifras que cierren el caso.
Y aquí está el dato que descoloca: en un país con vivienda de sobra y precios de derribo en media España, el gran negocio consiste en cobrar por echar a alguien y volver a cobrar por meterlo en otro sitio. El Estado, mientras, mira.