La vivienda sube un 12,2% y ya son 49 trimestres de subidas: ¿quién sostiene esta escalada?
¿Hasta cuándo va a seguir subiendo el precio de la vivienda? El dato publicado por el INE este lunes no da tregua: el Índice de Precios de la Vivienda (IPV) registró un aumento interanual del 12,2% en el segundo trimestre. Con este repunte, el indicador acumula 49 trimestres consecutivos de alzas, una racha que ya supera los doce años y que no muestra signos de agotamiento. La pregunta ya no es si sube, sino quién está comprando a estos precios y hasta cuándo el mercado puede sostener este ritmo.
Un encarecimiento que se extiende por todo el territorio
El dato más revelador del informe no es la cifra global, sino su distribución geográfica. Los mercados turísticos que lideraban las subidas tras la pandemia, como Baleares y Canarias, han sido alcanzados e incluso superados por regiones del norte y del interior: Asturias, La Rioja, Castilla y León y Aragón. El encarecimiento ya no se concentra en focos de demanda concreta, sino que se ha generalizado por prácticamente todo el país. Esto desmonta la narrativa de que la presión viene solo de las grandes ciudades o del turismo.
Causas y lecturas enfrentadas
Las explicaciones para esta escalada chocan frontalmente. Una corriente apunta a la presión demográfica: la llegada de millones de personas en pocos años ha creado una demanda de techo que la oferta no ha absorbido, especialmente en municipios pequeños donde los precios se han disparado por efecto rebote. Otra lectura, más escéptica, sostiene que esto no es un problema de oferta y demanda, sino un diseño deliberado del sistema, donde el precio de la vivienda se ha convertido en un instrumento de política económica. Y no falta quien matiza que las medias ponderadas pueden estar ocultando debilidades: en algunas zonas los precios ya están bajando con fuerza en los portales, y el dato del tercer trimestre, que se publicará en noviembre, podría revelar una realidad menos robusta.
El dato que descoloca
Mientras tanto, el ciudadano medio ve cómo su poder adquisitivo se queda corto ante unos precios que ya compiten con los de Manhattan, pero con salarios que son una fracción. La ironía es que llevamos más de una década de subidas ininterrumpidas y nadie ha encontrado el freno. Quizá el problema no sea que no se pueda frenar, sino que no interesa hacerlo.