La Vuelta a España ya no quiere cruzar España
La primera semana de septiembre el pelotón se achicharra en Andalucía a 40 grados. El interior, y de nuevo la meseta, se queda fuera de la ruta. La carrera que presumía de abarcar toda la geografía se ha convertido en un recorrido de costa. Algunos ya la llaman la Vuelta al Mediterráneo.
El malestar no es nuevo, pero este año ha cuajado en una corriente clara: la Vuelta ha renunciado al país interior. En vez de cruzar la meseta y los puertos del norte, la ruta se ciñe al arco levantino. Hay quien lo achaca a la lógica publicitaria –turismo de sol y playa venden más que el secano– y quien ve un resultado del 'centralisme madrilenyo'. En cualquier caso, el que paga, manda. Y el dinero está en la costa.
El futuro se llama Marruecos
La guinda la ponen los planes para la próxima edición. Según las informaciones que circulan, habrá una contrarreloj por equipos con salida en Ceuta y cuatro etapas en Marruecos. La Vuelta a Al-Andalus dejaría de ser una metáfora. El negocio no entiende de fronteras, y la carrera, llamada aún española, se prepara para despedirse de su esencia.
Y el espectador residual, el que todavía espera el paso por el Cantábrico para ver a España como Europa, se quedará mirando un evento que cada año se parece menos al país que dice representar. A 40 grados a principios de septiembre, no es solo el pelotón el que se derrite: es el último resto de identidad de una carrera que tuvo nombre propio.