Sánchez, el eclipse y un observatorio para un solo espectador
Que un ciudadano celebre que le cierren el observatorio de su pueblo para que el presidente lo disfrute en exclusiva tiene algo de paradoja difícil de superar. La escena resume la mezcla de deferencia, privilegio y renuncia a lo público que ha envuelto la visita de Pedro Sánchez al eclipse: la instalación, financiada con dinero común, acabó reservada para una sola persona mientras varios vecinos aplaudían.
Reservas pagadas y puertas cerradas
El episodio tiene una dimensión económica incómoda. Según se ha difundido, había personas con reserva y pago anticipado para ver el eclipse desde el observatorio, y se les denegó el acceso. La instalación fue reservada para la visita del presidente, y algunos residentes lo recibieron como un honor: “nos parece genial que nos cierren el observatorio y lo reserven al presidente”, sostenía un vecino citado en la información que ha abierto el fuego. El resto, mientras tanto, tuvo que conformarse con el descampado.
Lo público que se privatiza por decreto
El coste no acaba en la entrada denegada. Un observatorio es un bien público que se mantiene con impuestos; cuando una autoridad lo acapara, quien paga el privilegio es la colectividad, que además se queda sin el servicio. El contraste con otras urgencias no ha tardado en aparecer: “Cierra el Observatorio pero no cierra la frontera de Ceuta”, resumía uno de los comentarios. La comparación puede ser injusta, pero la irritación es perfectamente comprensible.
Feudalismo o protocolo: la grieta ideológica
La discusión, con un lenguaje deliberadamente agresivo, va más allá del incidente. Un sector habla de gestos “feudalistas” que no se habrían visto ni en las monarquías del siglo XIX; otro sector encuentra justificada la reserva por razones de seguridad y organización. En el centro queda un hecho incómodo: a la hora de elegir entre el privilegio del presidente y el derecho de quienes ya tenían entrada, se eligió al primero.
La anécdota: llega otro eclipse el año que viene
La polémica tiene fecha de caducidad. También se ha recordado que ya hubo un eclipse en España hace 20 años y que hay otro previsto para el próximo año. Es decir, el mismo escenario volverá a plantearse. Un comentario irónico lo cerraba así: los eclipses son “el único momento en que un vampiro puede exponerse al sol”. En el fondo, la cuestión no es astronómica, sino de a quién se le permite mirar.
No parece que la polémica vaya a disolverse en el próximo amanecer. Queda la pregunta de si el año que viene el observatorio volverá a abrirse para todos o de nuevo se reservará para uno solo.