Un forero sostiene que Hiroshima y Nagasaki cayeron con bombas «tácticas» de 16 y 21 kilotones
En el debate se afirma que las bombas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki eran, por potencia, armas nucleares tácticas. Little Boy, lanzada sobre Hiroshima, tenía una potencia de
16 kilotones. Fat Man, sobre Nagasaki, de
21 kilotones. Ambas por debajo del umbral de los 100 kilotones que, según se sostiene en el hilo, la doctrina militar sitúa como frontera de lo táctico. En Hiroshima murieron
100.000 civiles al instante, según el mismo mensaje. A partir de ahí, la discusión está servida: si eso es lo «flojito», ¿qué queda para lo estratégico?
Qué diferencia una bomba nuclear táctica de una estratégica
La clasificación no es un capricho. Una bomba nuclear táctica se mueve en el orden de los kilotones, por debajo de 100. Una estratégica se mide en megatones. La bomba del zar, la Tsar, es el ejemplo que siempre sale a relucir, aunque nunca pasó de ser un experimento sin utilidad militar práctica. La distinción, sin embargo, tiene lagunas. Hay quien sostiene que lo táctico o estratégico no depende de la potencia, sino del uso previsto: una W89 de 200 kilotones se considera táctica porque su objetivo son submarinos, no una ciudad. En sentido inverso, un pepino de un solo kilotón lanzado contra una ciudad sería, por empleo, estratégico.
La confusión se extiende cuando se compara una bomba nuclear táctica con artefactos convencionales. La
GBU-43/B MOAB, la llamada «madre de todas las bombas», se lanzó en Afganistán contra refugios en zonas montañosas. Sus efectos, siendo notables, no guardan relación con una explosión de varios kilotones. La explosión de Beirut, catalogada extraoficialmente como de
1,1 kilotones, se produjo por la detonación de 2.750 toneladas de nitrato de amonio. Eso es lo más cercano a una nuclear táctica de mínimos, y ya dio para llenar portadas durante semanas.
El cañón nuclear y la granada de mano atómica que nunca se usaron
En plena Guerra Fría, tanto la URSS como Estados Unidos desarrollaron artillería nuclear. El
M65 estadounidense disparó en una prueba un proyectil de 15 kilotones en 1953. La URSS tuvo su
2A3 Kondensator 2P. El desarrollo de misiles y cohetes los convirtió en piezas obsoletas. El arma nuclear más pequeña producida y probada fue la
David Crocket, con una potencia de 20 toneladas, 750 veces menos que la de Hiroshima. Se descartó porque obligaba a usar armas nucleares: hasta los únicos que las habían empleado sobre población civil entendieron que cualquier uso, por pequeño que fuera, escalaría hasta la autodestrucción mutua.
Ahí está el nudo del asunto. En el momento en que se emplea un artefacto nuclear, aunque sea una granada de mano atómica, la escalada está demostrada: da igual si son toneladas, kilotones o megatones, porque el resultado es el mismo. Las armas nucleares no son una opción de uso, sino de poder y disuasión. Lo de «táctico» suena, como poco, a «solo la puntita».
Cuánta destrucción causa una bomba de 15 kilotones en una ciudad
Pongamos el escenario en el centro de Madrid, en pleno barrio de Salamanca. Una bomba de 15 kilotones como la de Hiroshima dejaría, según las estimaciones de
NukeMap, unas
155.000 muertes y 386.000 heridos. La cifra no es un ejercicio de estilo: es la misma potencia que arrasó una ciudad entera en 1945. Hay quien matiza que las estructuras de hormigón reducen los efectos de una explosión nuclear y que las estimaciones automáticas no tienen en cuenta todas las variables. Cierto, pero el orden de magnitud no cambia.
La comparación con Hiroshima y Nagasaki también tiene su letra pequeña. Ambas ciudades tenían una construcción mayoritariamente en madera, lo que multiplicó los efectos del incendio posterior. Y hay quien recuerda que los bombardeos incendiarios sobre Tokio, con
120.000 muertos y más de un millón de desplazados, causaron una destrucción comparable sin necesidad de fisión nuclear. La discusión sobre si aquellas dos ciudades son hoy habitables o no se cuela de vez en cuando, aunque la evidencia disponible no respalda las teorías de que no fueran artefactos nucleares.
Por qué no existen las bombas nucleares aceptables
La conclusión que se repite es que no hay bomba nuclear buena, ni táctica ni de ningún otro tipo. Lanzar una supondría la aniquilación de Europa y de todos sus habitantes. La fantasía de la guerra como videojuego choca con un dato tozudo: el escenario posterior a una detonación sería el caos, con la población sin saber qué hacer y los servicios básicos colapsados. A eso se suma el polvo radiactivo, con capacidad biocida y teratogénica, que no aparece en las estimaciones de muertes instantáneas.
La conversación deriva a veces hacia terrenos menos rigurosos. Hay quien niega directamente la existencia del arma atómica, argumentando que no se puede dividir un átomo con los medios disponibles y que el Proyecto Manhattan fue un montaje. La física nuclear no respalda esa posición: generando neutrones se puede romper el átomo. Otras intervenciones atribuyen a las bombas de Hiroshima y Nagasaki efectos que la literatura técnica no sostiene. El ruido no debe tapar lo esencial: la potencia de aquellas dos bombas las sitúa, por clasificación, en el rango táctico, y eso no las hace menos devastadoras.
Al final, la discusión vuelve siempre al mismo punto. Una bomba de 15 kilotones es una bomba de 15 kilotones. Llamarla «táctica» no la convierte en un petardo. Y quien fantasea con usarla, probablemente no ha mirado un mapa de alcance en su vida.