Cierra una cervecera de 172 años: la Generación Z ya no bebe
La fábrica de cerveza Lang-Bräu, en el norte de Baviera, llevaba 172 años funcionando. Sobrevivió a dos guerras mundiales y al colapso del telón de acero. Ahora echa el cierre por problemas financieros. Sus propietarios calcularon que necesitaban
12 millones de euros para renovar los equipos y decidieron el verano pasado dejar de operar. Estaba a menos de media hora de las antiguas fronteras de Alemania Oriental.
El director de la empresa familiar que supervisa el cierre, Richard Hope, lo resume sin adornos: «Las cerveceras tienen la capacidad de soportar muchas dificultades, pero cuando las ventas bajan y los costes siguen aumentando, ya no queda margen para planificar a largo plazo». No es un caso aislado. Es el síntoma de un sector entero que se desangra.
Cuántas cervecerías han cerrado en Alemania
Entre 2023 y 2024 cerraron unas
52 fábricas de cerveza en Alemania, el mayor descenso en tres décadas. La producción cayó a su nivel más bajo en la primera mitad de 2025, con un descenso del
6,3%, según la oficina estadística alemana. El consumo per cápita pasó de 126 litros en 2000 a 88 litros al año.
Holger Eichle, presidente de la Asociación Alemana de Cerveceros, no se anda con paños calientes: «Si quiero ser honesto, hay que aceptar que se trata de una situación preocupante. Las condiciones no son buenas en absoluto. Es posible que incluso aquellos cuyos negocios tienen varios siglos de antigüedad tengan que abandonarlos».
Por qué la Generación Z bebe menos alcohol
La explicación oficial apunta a un cambio cultural. Los nacidos entre 1997 y 2012 beben menos, y cuando lo hacen tiran de versiones sin alcohol. En Alemania se producen más de
800 tipos de cerveza sin alcohol, pero ni esa diversidad frena la caída. Una estudiante alemana lo deja claro: «Nuestra generación tiene claro que el alcohol es perjudicial para el cuerpo».
El cálculo más optimista asume que es pura conciencia saludable. El escenario pesimista parte de otra base: los jóvenes tienen menos poder adquisitivo, el ocio nocturno se apaga y una sola cerveza ya te hace dar positivo en un control de alcoholemia. Hay quien sostiene que el vicio no ha desaparecido, solo ha mutado hacia el cannabis, los vapers o las bebidas energéticas. Y una corriente más incómoda apunta a la demografía: menos jóvenes y con hábitos importados de sus entornos familiares.
El precio de la cerveza y el desplome del consumo
La presión de costes es real. Inflación, energía y caída de ventas. Pero el precio final también pesa. Un tercio que costaba dos euros pasó a 2,8 de golpe, y el botellín de un litro subió de uno a 1,5. Cuando eso ocurre, el cliente cambia de bar o directamente se queda en casa. La cerveza artesana vivió un boom hace unos años; ahora el cuento ha cambiado.
Las fábricas que aguantan reorientan la producción hacia compuestos más ligeros: cervezas mezcladas con gaseosa (
Radler) y bebidas gaseosas de frutas. En las estaciones de tren y en televisión se promociona la cerveza sin alcohol, algo impensable en un país con el
Oktoberfest y una ley de pureza de 500 años.
El relevo generacional que no llega
El consumo de las generaciones mayores era altísimo: el tamaño estándar en Alemania es de medio litro, y era normal tomarse tres o cuatro sin pestañear, casi a diario. Los jóvenes han popularizado el tercio de 0,33 litros, que antes era testimonial. Dos tercios son 0,6 litros, no un litro. Ahí está la diferencia aritmética.
La pregunta abierta no es si el alcohol es malo, sino si una industria centenaria puede sobrevivir cuando su cliente tradicional envejece y el nuevo pasa de ella. ¿Y si el problema no fuera la Generación Z, sino que ya no quedan suficientes alemanes de ninguna generación para llenar las jarras?