La izquierda frente al espejo de la inmigración
¿Se puede ganar una campaña prometiendo perder la guerra del relato? Esa es la pregunta que sobrevuela a la izquierda española cada vez que la inmigración aterriza en el centro del tablero. La crisis de Ceuta lo dejó escrito: el Gobierno se contradijo en público. Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska contaron versiones distintas de lo que el Ejecutivo sabía y de cómo respondió a la entrada masiva de migrantes. Una cacofonía que no solo agravó la gestión, sino que dio gasolina a Vox.
El dilema que alimenta a Vox
La disyuntiva es retorcida: responder al fondo del problema migratorio o endurecer el mensaje. Ambas rutas, sostiene el análisis que circula, acaban reforzando a la ultraderecha. La primera, porque reconoce que hay un problema que gestionar; la segunda, porque valida el marco de Vox. Mientras tanto, la derecha clásica se radicaliza en sentido contrario. José María Aznar ha criticado a Vox con un argumento demográfico: "Si cada vez somos menos españoles, alguien tendrá que hacer el trabajo". Unas palabras que algunos análisis traducen al momento en intereses inmobiliarios: la familia Aznar y Botella adquiriendo pisos para revenderlos a fondos buitre y convertirlos en alojamientos turísticos.
Dumping laboral y servicios colapsados
En el otro extremo, hay quien rechaza la polémica como un invento socialista. La frase es cruda: el problema son los ilegales, y no hay más que hablar. Pero otra corriente apunta a un malestar concreto: la llegada de inmigrantes regulares también tensiona los salarios y los servicios públicos. El dumping laboral y el colapso de la sanidad o la educación no son una abstracción, dicen, y despreciarlos es un lujo de quien vive al margen de los barrios afectados.
Las posiciones se enredan entre consignas y acusaciones de dogmatismo. Cuesta separar el dato del grito. Pero una cosa queda clara: mientras la izquierda siga preguntándose qué hacer con la inmigración, hay quien ya respondió – votando con los pies. O no votando. Y esa, a la larga, es la elección que se pierde en soledad.