Las escenas de cine que hacen reír: de Torrente a Woody Allen
¿Qué convierte un plano en una escena de película cómica que aguanta el paso del tiempo? La pregunta recorre una discusión que arranca con una escena de
Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar, la de Stavros Milos y la oveja, y termina, dos años después, en la colección de pelos de
La escopeta nacional. En medio, un catálogo que va del humor negro de
La naranja mecánica al absurdo de
Aterriza como puedas.
El punto de partida no es casual. La primera referencia es una comedia de sketches de Woody Allen, y el director neoyorquino se convierte en el eje del tramo inicial.
Bananas,
Annie Hall y su baile mítico aparecen como favoritas declaradas. La unanimidad dura poco: alguien responde que Jerry Lewis nunca le hizo gracia y que Woody Allen sí, lo que provoca una respuesta seca: «La comparación me resulta incluso odiosa». El gusto cómico, queda claro, es un campo minado.
De Torrente a los Farrelly: el humor zafio reivindicado
El tramo central del intercambio abandona el cine de autor y se instala en la comedia gruesa.
Torrente 3 entra en la conversación por una escena con Javier Gutiérrez, y una voz sentencia que cualquiera de las dos primeras entregas de la saga «ni las del Padrino pudieron igualarlo». La provocación funciona: a partir de ahí el listón baja y sube a la vez.
Vaya par de idiotas, de los hermanos Farrelly, se reivindica como comedia divertidísima llena de momentos graciosos. Y aparece una comparación generacional:
Porky's le daba mil vueltas a
American Pie. No es una discusión sobre calidad técnica, es una pelea sobre qué época supo reírse mejor de sí misma.
Hay quien defiende que una escena concreta merece un lugar distinto. Sobre una película de humor zafio se afirma que contiene «una de las mejores escenas cómicas de la historia del cine por lo bien construida que está, al estilo de pijus magnificus». La construcción pesa más que el chiste.
La naranja mecánica y el humor negro que incomoda
Aquí el terreno se vuelve resbaladizo. Varias escenas de
La naranja mecánica se citan como cómicas, incluida la paliza al mendigo o el asalto a una casa. La respuesta no tarda: «Pero esto no son escenas cómicas ni graciosas». La defensa es directa: «Pues a mí me resultan bastantes graciosas, será porque me gusta especialmente el humor negro».
Ese desacuerdo es el más interesante del conjunto. No se discute si la escena está bien rodada, sino si la risa es una reacción legítima ante la violencia.
Trainspotting entra por la misma puerta, con la entrevista de trabajo y el peor baño de Escocia como ejemplos de surrealismo incómodo.
Los cazafantasmas, La vida de Brian y el canon compartido
Cuando el intercambio se acerca al final, aparecen los títulos que casi nadie discute. La escena de la biblioteca de
Los cazafantasmas se recuerda con una confesión: la primera vez que se vio en el cine, más que gracia, dio miedo. La canción del mismo filme completa el homenaje.
La vida de Brian se despacha con una frase que zanja cualquier debate: «se puede citar entera».
Aterriza como puedas aporta su escena favorita y
Esta casa es una ruina el cúmulo de desastres. La comedia italiana de Jaimito,
Jexi y la escena de la corrida de la película de Allen cierran un recorrido que mezcla lo escatológico con lo elegante sin pedir permiso.
¿Y qué queda de todo esto? Un catálogo sin criterio único, atravesado por una sospecha: que la risa depende menos de la película que de la edad a la que uno la vio. Lo que hoy provoca carcajadas mañana será una escena que no aguanta el rewind. Nadie ha encontrado todavía la fórmula, y a estas alturas ya no la buscan.