La fractura emocional que está reconfigurando las relaciones de pareja
La idea de que las mujeres no aman a los hombres de forma incondicional, sino que dirigen su afecto prioritariamente a los hijos y se interesan por la pareja solo en tanto les reporta beneficios, ha dejado de ser un tabú en ciertos espacios digitales. Se argumenta que el amor romántico es cosa de hombres, mientras que el vínculo femenino sería esencialmente instrumental y volcado hacia la descendencia. Esta corriente, alimentada por la filosofía MGTOW y referencias a la ley de Briffault, sostiene que la relación de pareja solo se mantiene mientras la mujer obtiene algo a cambio.
Sin embargo, el debate no es monolítico. Hay quien señala que el amor de compañía, el que surge con el tiempo y el sacrificio mutuo, es el verdadero, y que tanto hombres como mujeres pueden alcanzarlo si superan egos e intereses. Otros apuntan a cambios generacionales: las mujeres de más edad, criadas en un modelo tradicional, mostraban una lealtad que las más jóvenes, inmersas en la cultura de la inmediatez y las redes sociales, habrían perdido.
Hipergamia y coste de oportunidad: cuando la pareja se analiza como inversión
En el subforo de Economía, el asunto se aborda con métricas: «Las mujeres son una inversión que a veces compensa y a veces no», «Los hombres salen con mujeres que objetivamente no les aportan nada» o «Si ves a una mujer guapa con un hombre feo, este es muy inteligente o tiene dinero». La hipergamia —la tendencia femenina a buscar siempre una pareja de mayor estatus— se presenta como un hecho incuestionable. Un análisis compara a los hombres con pilotos que buscan su límite absoluto y a las mujeres con competidores que solo rinden al máximo cuando tienen una referencia externa que batir.
Estos planteamientos chocan con experiencias personales que los contradicen: personas que aseguran haber recibido cuidados y apoyo incondicional, especialmente en generaciones anteriores. «Mi madre ha cuidado de sus padres, de los de mi padre y ahora de mi padre anciano», escribe alguien, subrayando que el amor filial y conyugal pueden convivir.
La soledad voluntaria como tendencia económica
Un participante que asegura llevar más de cuatro décadas en el mundo declara que estando solo es feliz. Valora el silencio, el monte, la música. «Es jodido el remo —la interacción social— porque implica ser audiencia de conversaciones ajenas». Este discurso conecta con la caída de la nupcialidad y el auge de los hogares unipersonales, fenómenos con implicaciones en vivienda, consumo y pensiones.
Otros, en cambio, reconocen echar de menos la compañía: «Me encanta la naturaleza y me entretengo solo, pero a veces echo de menos dar una vuelta con alguien». La polarización entre quienes idealizan la soledad y quienes sufren la falta de pareja refleja la complejidad del asunto.
Del amor romántico al amor de compañía: un largo recorrido
Una de las voces más matizadas del debate distingue: «Lo otro no es amor, es pasión. El amor de pareja viene después, cuando se lleva tiempo y se trabaja día a día. Incluye afecto, cariño, respeto y sacrificio». Esta perspectiva reconoce que el interés está presente en toda relación, pero que no lo anula todo. «El amor no puede ser un poco o un rato; o es, o no es», añade otra intervención.
El consenso parece alejado. Mientras unos reducen la relación a un intercambio coste-beneficio, otros defienden que el verdadero lazo trasciende el cálculo. Quizá la clave esté en que ambas partes renuncien a sus egos y aprendan a ver al otro «como a vosotros mismos, pero distinguiendo que sigue su propio sistema de recompensa».
Predicción con reservas
Si esta desafección sigue creciendo, veremos más hombres optando por la soledad, menos bodas y una mayor demanda de servicios que reemplacen el vínculo afectivo. Pero también es posible que surjan nuevas formas de amor menos románticas y más pragmáticas, donde el interés mutuo no se oculte sino que se negocie explícitamente. El tiempo dirá si la fractura se soldará o si, como auguran algunos, el amor entre sexos es una especie en extinción.