Robert Martínez y la caída del sistema que nunca termina de llegar
El sistema no ha caído. Ni en 2025 ni en 2026, y las terrazas siguen llenas. Esa es la mejor metáfora del fracaso de las profecías apocalípticas de Robert Martínez y otros vendedores de la nueva era: la normalidad se impone al apocalipsis.
Desde 2020, el personaje anunció que 2026 sería el año clave. El calendario avanza y las sedes de Hacienda, los hospitales, los institutos y las comisarías siguen donde estaban. Los escépticos ponen el dedo en el dato más visible: las terrazas llenas.
La excusa favorita de los creyentes es la conjunción de Saturno y Neptuno de 2025-2026, un ciclo que, según la tradición astrológica, se lleva regímenes por delante. La última vez, en 1989, cayó la URSS. Esta vez Saturno ya se aleja de la conjunción y no se ve caer nada. Los más flexibles hablan de una transformación profunda, invisible. El futuro siempre da una segunda oportunidad.
Hay quien sostiene que la astrología no aplica a estructuras artificiales como el Estado o la economía, porque el ser humano moderno está desconectado de su esencia. Y funciona como el análisis técnico en bolsa: perfecto a toro pasado, inútil a futuro.
El negocio, mientras tanto, sigue vivo. Porque Martínez, convendrán hasta sus detractores, es un gran comunicador: te pasas bien escuchándolo. La próxima fecha clave ya estará marcada en el calendario. El sistema seguirá en pie, y nadie devolverá el dinero.