Las terrazas están llenas de muyer: ¿consumo o señal de desigualdad?
La imagen se repite en cualquier ciudad española: terrazas abarrotadas de muyer, mientras los hombres son casi invisibles. No es una percepción subjetiva: los datos de ocupación del espacio comercial lo confirman. Según estimaciones del sector, el 90% de la superficie de los centros comerciales se dedica a productos femeninos: ropa, calzado, cosmética y complementos. En grandes almacenes como El Corte Inglés, las plantas para ellas se multiplican; la sección de hombre apenas ocupa un piso reducido. La pregunta incómoda es qué significa esto en un contexto de guerra al este de Europa.
El consumo femenino en tiempos de conflicto
La comparación con Ucrania es inevitable. Durante la guerra, las discotecas de Kiev y Járkov no cerraron; las imágenes de jóvenes bailando mientras los hombres estaban en el frente corrieron como la pólvora. Algo similar ocurre aquí: las muyer ocupan el espacio público del ocio, el consumo y la vida social, mientras los varones parecen ausentes. ¿Es una cuestión de ingresos, de prioridades o de una estructura económica que las sitúa como principales destinatarias del gasto no esencial?
En el debate subyace una tensión: hay quien ve en esta pauta un síntoma de frivolidad, pero también quienes señalan que la economía de servicios y el marketing empujan a las muyer a ser el motor del consumo. La realidad es que, con la inflación apretando, el gasto en ocio y moda femenino se mantiene robusto, mientras otros sectores se resienten.
El reparto del espacio comercial como espejo social
Las cifras de asignación de metros cuadrados en centros comerciales reflejan una división de roles que trasciende lo económico. Si el 90% del espacio es para productos dirigidos a muyer, el diseño del comercio está condicionando y reforzando unos patrones de consumo que, a su vez, moldean la presencia en el espacio público. Las terrazas no son una excepción: son la prolongación del centro comercial.
¿Y si la guerra llama a la puerta?
La pregunta que queda en el aire es cuánto durará esta burbuja de consumo femenino si el conflicto se recrudece. En Ucrania, las discotecas se vaciaron cuando los misiles empezaron a caer cerca. Aquí, mientras la guerra parece lejana, las terrazas siguen llenas. Pero el patrón histórico sugiere que, cuando la economía se resiente, el consumo no esencial es el primero en caer. Entonces, quizá no solo los hombres estarán en el barro.