Cerca de los 60, Jennifer López sigue midiéndose con la vara de los 30
Un mensaje de la cuenta Cápsula Informativa.cl condensa el reproche en dos frases: alguien debería decirle a
Jennifer López que es
regia, pero que si canta no puede salir casi desnuda. Le cuesta entender, añade, que ya no tiene 30 años y
va camino de los 60. No hay fecha, ciudad ni concierto en el texto. Tampoco hace falta: el reproche es un clásico y no va de música.
La conversación que abrió ese mensaje tiene poco de crítica escénica. Ahí está el interés.
¿Qué se le reprocha exactamente a Jennifer López?
Nada que ver con la voz ni con el repertorio. El mensaje discute el
vestuario y lo ata a la partida de nacimiento: si el cuerpo sigue en el escaparate, la edad se convierte en objeción. La formulación es reveladora, porque concede el elogio y retira el permiso en la misma frase. No describe una actuación concreta ni aporta dato alguno sobre el montaje; plantea una regla general sobre quién puede mostrar qué a partir de qué cumpleaños. Y la plantea como evidencia que no necesita prueba.
La respuesta: casi nadie entró al argumento
Muy pocas réplicas discutieron la regla. La mayoría se fue al terreno del deseo, con un puñado de comentarios explícitos que no aportan nada al asunto y que aquí no tienen recorrido. Hubo también humor de barra: una respuesta adoptó el registro de la fila y pidió
respeten la fila. El intento más articulado de sostener una tesis ajena al puro jaleo llegó por la vía del refranero, de la mano de otra respuesta:
gallina vieja hace buen caldo, y para cazar un conejo viejo hace falta buena escopeta. Sabiduría popular como argumentario, dos sentencias que dicen lo mismo por caminos opuestos, la reivindicación y la advertencia.
El mantenimiento del cuerpo como activo profesional
Donde el mensaje inicial quiere ver un exceso, parte de la conversación ve una inversión. Una respuesta lo resume así: esa
vive en el gimnasio. Otra admite el paso del tiempo y lo desactiva en la misma línea: está mayor, pero de cuerpo está mejor que muchas de 30 que uno se encuentra por la calle. Ese es el núcleo, y es económico antes que estético. En el espectáculo, el físico es herramienta de trabajo y su conservación cuesta dinero, horas y disciplina. Reprochar a una artista que lo exhiba equivale a pedirle que deje de amortizar su principal activo sin ofrecerle otro papel.
El rasero que se aplica a unas y no a otros
En el conjunto de respuestas reunidas no aparece una sola referencia a un artista masculino de edad equivalente. Ni comparación, ni coartada, ni chiste. La exigencia se formula en femenino y se da por obvia, que es la forma más eficaz de que nadie la examine.
La pregunta queda flotando, y no es retórica: ¿a partir de qué año exacto un cuerpo deja de poder subirse a un escenario sin que alguien sienta la urgencia de corregirlo?