Pibón de redes: el culto al culo grande y su doble filo
Basta una fotografía en redes sociales. Un cuerpo exhibido hasta el último detalle, curvas llevadas al extremo, y las mismas dudas sobre la mesa: ¿es un
pibón o una desproporción? ¿Y merece la pena salir con alguien que convierte su físico en escaparate permanente? La escena se repite cada vez que un perfil hace del cuerpo su carta de presentación.
¿Cuándo se pasa de pibón a desproporción?
La discusión arranca con una pregunta que parece inocente —cuánto mide— y acaba en el juicio sobre las proporciones. Hay quien ve ahí un
culo demasiado grande y desproporcionado para el tamaño de la dueña; y quien, sin más, un atractivo que no admite matices. La estatura, sobre la que se lanza la cifra de
1,52 metros, sirve tanto de piropo como de desdén.
El gusto, sostienen algunos, se ha degradado. Lo que antes era un cuerpo natural de veinte años ahora compite con volúmenes de gimnasio. Si eso es un pibón, resume una de las posturas, mi tiempo ha pasado.
El cuerpo de gimnasio: moda, artificio y rechazo
El segundo frente no ataca al cuerpo, sino a su origen. Se argumenta que la
moda de los físicos trabajados ha desplazado al natural y que ese canon cansa. Aparecen entonces el tatuaje, el perfil de redes y la sospecha de estar ante un producto antes que ante una persona.
No todos lo compran. Frente al rechazo hay quien defiende el volumen sin complejos y quien responde con ironía que llamar pibón a cualquier cosa con dos patas es el problema de fondo. La queja, en realidad, no señala a un cuerpo concreto: apunta a un gusto colectivo que se considera averiado.
La exhibición en redes como filtro de pareja
Aquí el reproche cambia de destinatario. Ya no es el físico, es la vitrina. Mostrar el cuerpo a diario se lee como señal de vanidad, y la vanidad, en el mercado de la
pareja, cotiza a la baja. Quien presume demasiado, según ese criterio, no es
material de relación.
Ese juicio —que mezcla deseo y censura— explica la paradoja que recorre la conversación: el mismo cuerpo que atrae es el que desactiva la relación.
Deseo a corto plazo, rechazo a largo
El patrón más repetido separa la atracción del compromiso. Para un rato, sí; para algo serio, no. Hay quien lo formula entre el deseo inmediato y la retirada exprés; otros hablan de que aguantar según qué compañía es perjudicial para la salud. Casi nadie discute la existencia del deseo: lo que se discute es su duración.
Con estos mimbres, el estándar no encaja por ningún lado. El
culo grande que multiplica la atención es el mismo que se pone como excusa para no dar un paso más. Y en medio del ruido, nadie aclara dónde acaba el gusto personal y empieza la
pose.