El VPH como peaje del sexo por apps: la normalización de un riesgo
Una cita de Tinder termina en sexo oral sin preservativo. Semanas después, un diagnóstico de VPH. La reacción en algunos entornos no es de alarma, sino de encogimiento de hombros: «lo hemos pillado todos los que hemos follado». El virus del papiloma humano se ha convertido en un invitado tan frecuente como silencioso en la vida sexual de quienes usan aplicaciones de citas.
La discusión se mueve entre el fatalismo y la ironía. Se menciona el herpes como «VHS pero soy inmunde», o se bromea con rebobinar como si fuera un VHS. Pero detrás del humor hay un dato sociológico: la percepción de que estas infecciones son un coste inevitable de la promiscuidad digital. El VPH, que en algunos casos deriva en cáncer, se trivializa; el herpes se despacha con una mueca. La pregunta que queda en el aire es si esta resignación es un mecanismo de defensa o un reflejo de la falta de educación sexual.
Frente a la actitud de «todos hemos pillado algo», hay quien prefiere la abstinencia: «lo bueno de no quedar con nadie es que no coges enfermedades». Una postura minoritaria pero que muestra el otro extremo del espectro. Entre medias, el cálculo de riesgos que cada cual hace en la intimidad de su chat de Tinder.
El debate revela una paradoja: mientras las apps de citas multiplican las oportunidades de contacto, la salud sexual se gestiona con la misma ligereza que un desliz. El dato que descoloca: en la conversación, nadie menciona la vacuna del VPH, el preservativo oral o un test antes del encuentro. El riesgo se asume como parte del juego.