¿Robó España el flamenco a los judíos? El debate que resurge en las trincheras de la historia cultural
La vieja tesis de que el flamenco es una herencia expropiada a los sefardíes ha vuelto a la palestra. Esta vez, el detonante es un vídeo que sostiene que los judíos expulsados en 1492 se llevaron la semilla musical que luego florecería como fado en Portugal y como flamenco en España. La reacción no se ha hecho esperar: hay quien ve en esa narrativa una maniobra para victimizar a un colectivo y borrar el mestizaje andaluz.
El argumento de la deuda pendiente
La idea central es sencilla: el flamenco no nació del crisol etniano-andaluz, sino de las oraciones y cantos de los judíos conversos que, perseguidos por la Inquisición, se refugiaron en las serranías. Quienes defienden esta tesis añaden que el fado portugués tiene el mismo origen en los refugiados judíos que huyeron a Portugal, impulsados por la presión de los Reyes Católicos sobre el rey luso. La cronología encaja: la expulsión de 1492 y la aparición de estilos musicales melancólicos décadas después.
La respuesta de los escépticos
Pero el relato choca con la evidencia histórica y con una corriente que lo considera un intento de reescribir la historia para ajustarla a una narrativa de apropiación cultural. Se señala que el flamenco documentado no aparece hasta el siglo XVIII, muy posterior a la expulsión, y que su desarrollo está ligado a la etnia etniana y a la mezcla de culturas en la Baja Andalucía. Además, la acusación de que España le robó el flamenco a los judíos suena a una venganza simbólica por los siglos de discriminación, cuando la historia musical es mucho más compleja: hay influjos árabes, etnianos, jovenlandeses y, por supuesto, judíos, pero ninguno es el propietario exclusivo.
Un saldo incómodo
Lo curioso es que el debate se salda con una paradoja: mientras unos reclaman devolver el flamenco, otros ironizan con que ya pueden desprenderse de él. La cuestión de fondo no es quién inventó el flamenco, sino cómo se construyen las identidades culturales a base de mitos fundacionales. ¿Puede considerarse robo lo que fue evolución forzada por el exilio? ¿O es, simplemente, que la música no entiende de fronteras ni de propiedades?