20 libros y amortizas: la cuenta real del lector electrónico en 2010
Veinte libros de saldo o cinco bestsellers: esa es la frontera a partir de la cual un lector electrónico empieza a ser rentable. Un cálculo repetido hasta la saciedad sitúa el umbral de amortización en unos 100 euros de ahorro en papel, lo que con un Kindle básico de menos de 180 euros se alcanza en pocos meses para un lector habitual. Quien lea una docena de libros al año ya sale ganando; quien devore dos al mes, lo amortiza en un trimestre.
La cuenta de la vieja: ¿cuándo se paga solo?
La regla es simple: cada libro no actualidad ahorra unos 5 euros frente al papel; los de actualidad, hasta 20. Con 20 del primer tipo o 5 del segundo, el lector se paga. Hay quien lo ha conseguido en un mes compartiendo el cacharro con la pareja y leyendo diez libros entre los dos. El Kindle 3 importado de Estados Unidos salía por 145 euros, gastos de aduana incluidos, y con esa referencia el retorno llega aún más rápido. Los que optaron por el Sony PRS-300 o el Papyre 6.2 también dan fe: «en un par de meses más que amortizado».
Kindle, Sony y el resto: qué comprar en 2010
Amazon domina la conversación, y no solo por precio. Su servicio postventa es legendario: si algo falla en garantía, lo cambian sin preguntar. El Kindle básico de 6 pulgadas sin 3G era el más recomendado, pero con matices: los PDFs hay que convertirlos a MOBI con el programa Calibre, que además ordena la biblioteca con portadas y metadatos. Sony ofrecía el PRS-300 como alternativa sólida, y el Papyre 6.2 (de la española Booq) ganaba adeptos por su conectividad WiFi y precio similar. La discusión sobre el tamaño de pantalla enfrenta a los que prefieren 6 pulgadas por portabilidad frente a los que necesitan 9 o 10 para leer documentos técnicos o cómics, modelo que solo el Kindle DX cubría entonces. Un punto clave: la tecnología debe ser e-ink; las pantallas retroiluminadas (como las del iPad) cansan la vista y son «una desinformación manifiesta» para leer.
Dónde conseguir libros sin arruinarse
La red estaba llena de recursos: desde bibliotecas públicas digitales y repositorios como la Biblioteca Virtual Hispánica hasta listas interminables de sitios donde descargar obras completas. También se mencionaba el préstamo en bibliotecas físicas como opción infalible, aunque con la pega de tener que desplazarse. La herramienta Calibre se convirtió en el navaja suiza del lector digital: convierte, organiza y envía los libros al dispositivo. Y mientras los precios de los ebooks legales seguían anclados al papel (un bestseller costaba 15-20 euros en digital frente a 20-25 en físico), la tentación de buscarse la vida era comprensible.
El tiempo ha dado la razón a los primeros usuarios: el ebook no mató al libro, pero los lectores ya no conciben una mudanza sin su biblioteca digital. Quince años después, la promesa de un iTunes para libros a precios justos sigue en el aire. La maquinaria editorial, tozuda, se niega a soltar el margen del papel. ¿Hasta cuándo?
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