El tratamiento de Leo: 100.000€ al mes que paga Andalucía (y el titular que destapó la hipocresía)
El pasado 13 de marzo, El Español publicó una noticia con un titular que valía su peso en oro para la propaganda política: "Leo volverá a sentir el "airecito" gracias a Juanma Moreno: le pagará los 100.000 € al mes del tratamiento de piel de mariposa". La reacción no se hizo esperar: ¿cómo que "le pagará"? ¿Acaso Juanma Moreno saca el dinero de su bolsillo? La respuesta es no, y el debate que siguió destapó la poca vergüenza del periodismo pesebrero, pero también las contradicciones de un sistema sanitario que solo se moviliza cuando hay cámaras delante.
100.000 euros al mes: ¿cuánto cuesta realmente?
La cifra que aparece en la noticia son 100.000 € mensuales. Sin embargo, según varias fuentes, el coste real del tratamiento para la epidermólisis bullosa (piel de mariposa) podría rondar los 20.000 € al mes. La diferencia no es menor, y pone en duda si el precio inflado es error o estrategia para que el 'gesto' parezca más generoso. Lo cierto es que el tratamiento es caro, pero no tanto como para que un gobierno autonómico no pueda asumirlo sin hacer ruido, si realmente quisiera.
Propaganda electoral y miserias del Estado autonómico
La discusión rápidamente derivó en la hipocresía política. Muchos señalaron que este tipo de ayudas se activan en campaña electoral o cuando un caso se viraliza, mientras que enfermedades como la ELA o la dependencia siguen sin cobertura adecuada. El PP, que gobierna Andalucía, fue recordado por sus recortes en la ley de dependencia. "No creen en ayudar a esta gente pero, si pueden, se apuntan el tanto", resumió una de las intervenciones más lúcidas. El titular, firmado por dos periodistas, fue calificado de "asqueroso y pesebrero" por atribuir a Moreno Bonilla un mérito que corresponde a los contribuyentes.
La pendiente resbaladiza de la eugenesia
El debate dio un giro incómodo cuando se compararon los 100.000 € mensuales con los más de 2 millones de abortos registrados en España en 20 años, la mayoría de fetos sanos. La pregunta que emergió fue: ¿no sería más eficiente obligar a abortar los casos diagnosticados con enfermedades graves? La reflexión, aunque cruda, pone sobre la mesa la incongruencia de un sistema que financia tratamientos millonarios para unos pocos mientras permite la eliminación masiva de vidas potencialmente sanas. La respuesta mayoritaria fue que esa lógica utilitarista es la puerta a la eugenesia de Estado, y que la solución no está en decidir quién vive o muere, sino en corregir las prioridades del gasto público.
El caso de Leo es, sin duda, una buena noticia para él y su familia. Pero el titular y la forma en que se ha vendido no dejan de ser un síntoma de lo podrido del sistema. La pregunta que queda en el aire: ¿cuántos Leo hay esperando que un político necesite un titular para recibir el tratamiento que merecen?
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