La falacia histórica de la expulsión de los judíos y la prosperidad
Afirmar que la expulsión de los judíos en 1492 desencadenó una época dorada para España es un error histórico que choca con los datos económicos. Lo que realmente siguió fue una decadencia progresiva, no un auge. El discurso que contrapone el amor a un colectivo con la libertad es tan simplista como peligroso.
El mito del crecimiento tras la expulsión
Quienes defienden esa idea suelen ignorar que la expulsión de judíos y moriscos privó a la Corona de contribuyentes cualificados, expertos financieros y artesanos. Los reinos más prósperos de la época, como los Países Bajos e Inglaterra, acogieron a muchos de esos exiliados y vieron crecer su economía. España, en cambio, inició un declive que se agravó con las guerras europeas y la inflación por la plata americana.
El error de equiparar lealtad con sumisión
La frase que da título al debate presenta una falsa disyuntiva: o se ama a un grupo o se aceptan cadenas. Es una construcción maniquea que no resiste el análisis. La historia muestra que las sociedades abiertas y plurales tienden a ser más innovadoras y resilientes. El aislamiento y la persecución étnica o religiosa suelen correlacionarse con estancamiento, no con libertad.
Los datos que desmontan el relato
No hay cifras fiables que asocien la expulsión con una mejora del PIB per cápita o del bienestar. La «época dorada» del imperio español se basó en la explotación colonial, no en la expulsión de comunidades. De hecho, las regiones que mantuvieron diversidad cultural y religiosa experimentaron mayor dinamismo comercial.
Cierre: La evidencia histórica no respalda el lema de «o amas o cadenas». La prosperidad no se edifica sobre la exclusión, sino sobre la capacidad de integrar talentos diversos. Quienes repiten esa falacia quizá deberían revisar los manuales de historia económica.