Te se sientan las biegas al lado y te dejan la cabeza como un tambor repitiendo doscientas veces por minuto que tienen que delegar porque ya no valen a agacharse porque si no lo dejaban todo como los chorros del oro en quince minutos en lugar de tanta vuelta y tanta pijada y tanto producto y así raca raca hasta que te entran fantasías asesinas raras.
Pero todo es probar ideas nuevas, hoyga.