Las listas de 'covidiotas' avivan la división en la era postvacunal
La pandemia ha terminado oficialmente, pero su guerra civil no. Entre los grupos de discusión sobre coronavirus, confeccionar listas de "covidiotas" -aquellos que minimizaron el virus o rechazaron las vacunas- se ha convertido en un ritual de depuración. Estas listas, en constante ampliación, no solo señalan con el dedo: celebran defunciones, exigen lealtad y dividen a las comunidades en bandos irreconciliables.
El punto más incómodo lo aporta un dato: el único fallecimiento conocido por "repentitis" -el término que los escépticos de las vacunas usan para las muertes súbitas- corresponde a una persona no vacunada. La ironía no ha pasado desapercibida: los que más temían la repentitis serían los que ahora la sufren. Mientras tanto, los incluidos en las listas continúan dando señales de vida, algunos vacunados desde hace casi seis años, según fuentes cercanas a estas conversaciones.
La iniciativa ha desenterrado además viejas rencillas. Un colaborador de la lista es acusado de traición y censura, y un nombre ya fallecido se añade a la relación a título póstumo. Lo que ninguna lista aclara es el criterio objetivo para calificar a alguien de "covidiota". ¿Basta con haber dudado de una vacuna? ¿O hace falta negar el virus? Sin una definición clara, el juego se presta a la venganza.
La lógica de estas listas condena a sus autores a una espiral de vigilancia mutua de la que nadie sale indemne. A este ritmo, la siguiente lista podría incluir a los propios listadores.