¿Volverán dos millones de colombianos a su país?
Llevan años instalados en el imaginario: la gran repatriación de emigrantes colombianos desde España. Con el cambio de gobierno en Colombia y la llegada de figuras como Gustavo Petro, algunos vaticinaron un retorno masivo. Otros lo niegan con la misma rotundidad. El asunto resurge cada cierto tiempo en redes y foros, pero los datos no acompañan a ninguna de las dos tesis.
El espejismo de las repatriaciones masivas
Quienes pronosticaron un éxodo inverso se apoyaban en la idea de que los colombianos llegaron huyendo de gobiernos de izquierda y que, con la llegada de Petro, la motivación desaparece. Sin embargo, los flujos migratorios rara vez responden a un solo factor. Las condiciones económicas, la seguridad y las redes familiares pesan tanto o más que la ideología del gobernante de turno.
La comparación con Argentina es recurrente: hay quien señala que cientos de miles de argentinos no se han ido con Milei, pese a sus promesas de motosierra. La evidencia sugiere que la emigración no es una manguera que se abre y cierra con cada ciclo político.
El factor económico como clave real
Colombia arrastra problemas estructurales que ningún gobernante ha resuelto en décadas. La informalidad, la desigualdad y la violencia en ciertas regiones no desaparecen con un cambio de gobierno. Para muchos colombianos asentados en España, volver significa renunciar a un sistema sanitario, a oportunidades laborales y a una estabilidad que su país de origen no garantiza.
Los pocos estudios disponibles apuntan a que el retorno es más frecuente entre quienes no lograron integrarse o entre jubilados con ahorros. Los dos millones de colombianos que viven en España no son un bloque homogéneo, y cada uno hace sus cuentas.
Allá donde el relato oficial ve una marea que vuelve a casa, la realidad muestra un goteo lento y selectivo. Y mientras Colombia no ofrezca un horizonte económico claro, la maleta seguirá pesando menos que la incertidumbre.