Eléctricos a 130, gasolina a 100: la norma que divide la autovía
En alguna autopista europea, el conductor de un eléctrico puede pisar el acelerador hasta 130 km/h mientras el del gasolina o diésel ve limitada su velocidad a 100. No es una recomendación de tráfico: es la norma que se extiende por el continente. La medida, presentada como parte de la lucha contra las emisiones, no se explica por la seguridad. De hecho, los eléctricos pesan de media más por las baterías, lo que eleva su energía cinética. Los argumentos que la sostienen tienen más que ver con la agenda climática que con la física.
Los límites de velocidad ya no son de seguridad
La justificación oficial es simple: los motores de combustión emiten más cuando superan cierto ritmo, así que se les recorta la velocidad para cumplir objetivos de CO2. Los eléctricos, al ser cero emisiones, quedan exentos. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿las leyes de la dinámica funcionan diferente según el combustible? Los críticos señalan que un eléctrico a 130 km/h lleva más energía cinética que un diésel a 100, precisamente por su mayor peso. Si el límite existiera por seguridad, debería ser al revés: los eléctricos, más lentos. Mientras tanto, los que iban a 90 para estirar la batería ven ahora la ironía de tener vía libre hasta 130.
La contrapartida fiscal
Mientras Europa regala velocidad a los eléctricos, la fiscalidad los persigue por otra vía. En el Reino Unido ya existe un impuesto especial para estos vehículos, y en otros países como Austria se plantean tasas por kilómetro recorrido. La duda es cuál de esos modelos acaba implantándose en España. Regalar velocidad para, acto seguido, cobrar por el uso: la cuadratura perfecta del círculo.
La medida, que se vende como incentivo a la electrificación, llega acompañada de nuevos peajes y tasas. Ya se sabe: la velocidad se regala, el dinero no.