Ceuta: la crisis que se paga en euros y en silencio
[P]Ceuta no es un drama humanitario: es un problema económico de primera división. La frontera que separa España de Marruecos cuesta dinero cuando está cerrada y cuesta más cuando se abre a la fuerza. El último episodio de presión migratoria ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda: Europa marca la línea roja en la valla, pero el coste de mantenerla se queda en las arcas españolas. Y mientras tanto, la estrategia de esperar a que se cansen se presenta en público como contención y en privado como dejarlos sin agua y sin comida. Nadie lo firma, todos lo saben.[/P]
[P]Marruecos sale de esta crisis con un problema doble. Por un lado, expone a sus propios ciudadanos —especialmente a los jóvenes del Rif, una región postergada durante décadas—. Por otro, su gobierno ha quedado retratado como el que utiliza personas como moneda de cambio. Hay quien sostiene que el Rif es una bomba que el reino no controla; hay quien ve ahí una oportunidad estratégica que los servicios de inteligencia españoles no explotan. Es una lectura incómoda, pero está en el análisis.[/P]
[P]La tentación de cerrar España por el norte pasaría por que el problema no llegara a Francia. El pasaporte volvería a ser obligatorio en los Pirineos y la UE convertiría un episodio local en una crisis de confianza comunitaria. La comparación con Valencia no es casual: misma gestión reactiva, mismos recortes previos, mismos responsables. La diferencia es que aquí la urgencia se mide en vallas, no en declaraciones. Y las vallas, como las estructuras, no se improvisan cuando ya llega la ola.[/P]