Salvar el planeta reduciendo la población: la nueva fe malthusiana
El horizonte es 2200. En menos de dos siglos, la humanidad debería haberse reducido a una fracción mínima para evitar el colapso del planeta. La consigna no es nueva: Thomas Malthus ya lanzó la misma advertencia hace más de dos siglos, y desde entonces la tecnología ha roto su ecuación. Aun así, un sector del ecologismo radical la ha resucitado con una fecha concreta: 2200.
La contradicción demográfica del siglo XXI
Los recursos son finitos, y nadie lo discute. Pero los países avanzados reducen su natalidad mientras la presión demográfica se concentra en África y la India. El apunte que destaca en esta corriente de análisis es la paradoja: durante décadas se ha pedido reducir la población, y ahora la misma agenda alerta de una crisis demográfica que solo se compensa con inmigración. En el caso español, se cita la llegada de 19 millones de extranjeros en dos décadas.
De la ciencia a la fe: dos dogmas enfrentados
Quienes avisan de que el planeta no admite más bocas tratan a los escépticos como negacionistas de la física. Quienes responden acusan a los profetas del colapso de un pensamiento básico, casi religioso, que lleva equivocándose desde Malthus. El doble discurso (reducir la natalidad y a la vez exigir inmigrantes) refuerza la sospecha de que el objetivo no es la sostenibilidad sino el control demográfico.
A 180 años vista, el plazo suena lejano. Pero hace 180 años apenas se había inventado el motor de vapor. La historia no garantiza que sigamos esquivando las catástrofes anunciadas; el problema es que la única solución que ofrecen algunos exige sacrificar a una generación que no ha sido consultada.