El socorro que llega en función del titular: Cruz Roja en la diana
La última crisis migratoria en Ceuta ha devuelto a la Cruz Roja a los titulares. Y no precisamente para bien. Mientras la organización reparte comida a unos 4.000 inmigrantes en la zona del Trampolín, cientos de vecinos de la DANA de Valencia siguen esperando una explicación por lo que consideran una ausencia clamorosa. La pregunta que sobrevuela el debate es incómoda: ¿ayuda esta ONG a quien de verdad importa?
Ceuta y Valencia: dos caras de la misma emergencia
En Ceuta, la realidad es tozuda: la Cruz Roja está sobre el terreno, con dispositivos de reparto de comida que ya alcanzan las 4.000 personas atendidas. Puede discutirse la gestión política de la frontera, pero la presencia humanitaria es visible.
En Valencia, la percepción es la contraria. Los testimonios recogidos en las zonas de la riada hablan de ocho días de espera hasta que apareció una furgoneta de la organización. Ocho días que, en un pueblo sepultado por el barro, son una eternidad.
El caso de Silla, en noviembre de 2024, agrió aún más el ambiente: unos voluntarios fotografiados en campos de naranjos no afectados por las riadas, en lo que muchos interpretaron como una operación de imagen. Las explicaciones no convencieron.
El precio de la dependencia: dinero público, salarios y una imagen en caída
El modelo de financiación de la Cruz Roja explica muchas cosas. Se manejan cifras, incómodas, que apuntan a que el 45% de su presupuesto procede de subvenciones públicas. Una entidad “privada, independiente y neutral” que vive del Estado acaba, antes o después, priorizando lo que al Estado le importa.
Y luego está el capítulo de los salarios. Un 93% del presupuesto destinado a gastos de personal, según las cuentas que circulan, deja muy poco margen para la acción directa. No es de extrañar que entre los damnificados y los voluntarios de base crezca la sensación de que la ONG se ha convertido en una maquinaria burocrática.
El famoso sorteo del oro, esa lotería caritativa que financió décadas de acción humanitaria, ya no genera la misma simpatía. Cada sorteo se recuerda con ironía, como un negocio disfrazado de solidaridad.
El debate de fondo: qué ONG queremos
Detrás de la polémica hay una pregunta de fondo: ¿debe una organización humanitaria actuar igual ante todas las emergencias, o aceptamos que la prioridad la marcan los focos y el dinero?
Una corriente de opinión sostiene que la Cruz Roja hizo más de lo que parece durante la DANA y que las acusaciones responden a una campaña de descrédito orquestada. Otra, más escéptica, recuerda que las fotos en las catástrofes nunca vienen solas, y que los afectados de Valencia aún esperan respuestas.
El hecho es que la desconfianza se ha instalado. Los datos de financiación y la gestión de las emergencias han colocado a la ONG en una posición incómoda, donde cualquier movimiento se mira con lupa.
La pregunta ya no es si la Cruz Roja ayuda, sino a quién elige ayudar cuando no puede estar en todas partes. Y la respuesta, según dónde se mire, duele. Mientras los valencianos recuerdan el barro que nadie vino a sacar, en Ceuta el reparto de comida continúa. Para la ONG, la próxima emergencia ya está aquí: reconstruir la confianza. Y esa, no se arregla con voluntarios.